Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

VALORES QUE SE CONTAGIAN EN LA FAMILIA   

Queridos hijos y nueras: Os veo trabajándoos la difícil tarea de educar a vuestros hijos, mis nietos, y me doy cuenta de que hoy es todavía más complicada de lo que era en mis tiempos. Todo cambia constantemente, pero por otro lado, la mente de los más pequeños es como una hoja en blanco sobre la que estáis escribiendo su futuro. Decía un afamado psicólogo: “Dejadme un niño hasta que cumpla 7 años y os devolveré un hombre”, confirmando la gran importancia de los primeros años en la formación de la persona, pues es durante esta etapa cuando se estructuran las aptitudes físicas y se fundamenta su personalidad. 

Por eso quiero recordaros, con mucho cariño y respeto, que, aunque vuestro trabajo y realización personal y profesional sea una tarea importante y requiera de vosotros más tiempo del que deseáis, no perdáis de vista que los primeros años de vuestros hijos son decisivos para impulsar el desarrollo de su cerebro y encauzarlo hacia la optimización de sus inmensas capacidades. Estáis viviendo un tiempo sagrado en vuestro acompañar el hacerse personas de los niños, por eso el que lo viváis sosegados,  les habléis en positivo para potenciarles sus posibilidades, el ayudarles a encontrar sus valores y capacidades únicas y especiales y recordárselas con frecuencia, les impulsará a la plenitud y a cumplirse como esa gran persona que Dios ha soñado para cada uno.

No sé por qué demonio, en la vida familiar se recuerdan mucho los defectos y errores, con el deseo positivo de corregirlos, pero la verdad es que, de tanto repetirlos, se quedan tatuados a fuego en el subconsciente del niño, y luego, de adulto, le frenarán para lanzarse a investigar la vida, a abrir nuevos caminos y a desarrollar lo que también tiene de positivo. Es curioso como el mensaje de los padres sobre uno mismo funciona a modo de “profecía autorrealizadora”, con la que uno anda por la vida, respondiendo a las expectativas de sus padres, siendo esa persona mediocre que le decían que era, o ese gran tipo, o ese genio creativo, o ese niño adorable, o ayudador, o puñetero… con el que a cada uno le catalogaban en el hogar o en el colegio.

Bueno, pues lo que quiero recordaros es que aún estáis a tiempo de grabar en vuestro hijos una gran fe en sí mismos, ya que están como el cemento fresco en el que quedan marcadas todas las huellas, o el barro blando que todavía es manejable y flexible y, cuando endurece, ya no hay forma de cambiarlo. Por eso es muy importante que crezcan rodeados de estímulos. Pero un peligro que existe es el no corregirles, para no frustrarles, el no ponerles límites, para no contaminar con normas el poco tiempo que pasáis juntos. No les pasa nada por que les digamos que no a algo, porque se tengan que aguantar un deseo, retrasar una comida, ordenar un cuarto o negarles un capricho. Que ahora estamos en un tiempo en el que hay una adoración social excesiva al niño y tenemos a los adultos sirviéndoles constantemente o haciendo, como peleles, todo lo que a los niños se les antoja.

Una cosa es tener un lenguaje positivo en el hogar, apoyarse en todos los logros y estimularse con frecuencia y otra es permitir todos los caprichos, enfados, mimos y pataletas. No, estáis acompañando el hacerse persona de vuestro hijo y tiene que aprender a llorar poco cuando se de un golpe, a evitar los melodramas, esos tipo jugador de futbol que cae cual enfermo terminar tras una patada, permaneciendo unos segundos medio muerto y que se levanta inmediatamente con cara de víctima, pero sigue jugando… Ojo, que son muy peligrosos los lloros y quejas excesivas. Hay familias en las que ven a un adulto que recibe mucha atención y cuidados por estar enfermo y los niños aprenden a utilizar la enfermedad como medio de obtención de atención y cuidados o para ser el centro de la familia. 

Los niños sirven para hacernos de espejo a los mayores de comportamientos erróneos que tenemos, así que es bueno que nos paremos a ver cómo piden atención, qué mecanismos utilizan cuando se caen, les duele algo, se frustran o se les contraría. Porque es en el hogar donde uno aprende a manejar el enfado, el dolor, la enfermedad, la contrariedad y el conflicto; y vosotros padres sois los maestros del vivir para esos niños crudos, a los que les falta la cocción de la vida y que vosotros aún podéis modelar y ayudar a ser personas sanas, libres y felices.

Y el tema de la resilencia, o capacidad de crecer con las dificultades, o de encontrar lo positivo que trae cada problema o situación aparentemente negativa, también se aprende en casa, según el lenguaje que se utilice. Cuando los padres viven en actitud de “ir tirando”, de “matar la semana”, de esperar a que los hijos crezcan para disfrutar de libertad, o a que se vayan del hogar, o a que termine el trabajo, para estar descansados… eso es no saber vivir, eso es perderse todo lo bueno que trae cada etapa y todo lo que cada momento tiene de esfuerzo y de disfrute, de reto y de alegría. La queja es una actitud socialmente aprobada y contagiosa, que nos llena de negatividad, que nos impide ver todo lo positivo que tiene cada momento, cada persona o cada situación. Solemos hablar mucho más de lo que nos falta por conseguir que de lo que ya tenemos. Es importante recordar que la felicidad no está en tener todo lo que quieras sino en saber ser feliz con lo que tienes. Y a nuestros hijos, al fin y al cabo, lo que queremos transmitirles es la sabiduría de ser felices y, de paso, o como consecuencia, hacer felices a los demás.

 Vivimos en una sociedad en la que sólo es noticia lo negativo. “No news is good news” (“Si no hay noticias, son buenas noticias”) es la frase universal del mundo de la información, pero también en la vida cotidiana contamos solo lo malo que nos ha ocurrido y, a veces, incluso nos parece que es presunción hablar de las cosas bonitas que nos ocurren. Se cuenta cuando se está enfadado, enfermo o agobiado, pero no se informa de los momentos de felicidad, de ternura, de estar a gusto con los tuyos. Y los niños aprenden ese mismo tipo de información y también se instalan en la queja, en el aburrimiento o en los comentarios de las cosas que no van del todo bien.

Tenemos que fomentarnos unos a otros esa capacidad de descubrir el regalo que acompaña a cada problema de la vida o situación difícil. Esta mañana comentaba un amigo cómo les ha unido a la pareja y a toda la familia la enfermedad, lo profunda que ha sido este año su navidad, cómo se ha fortalecido su relación y han aumentado los gestos de ternura que antes evitaban por pudor y ahora, por temor a perder a la madre o al caer en la cuenta del cariño que se tienen, han dejado brotar con libertad y están todos viviendo una preciosa etapa afectuosa, cercana y tierna. Y este ha sido el regalo que les ha traído un problema, pero todos han sido sabios y han puesto en marcha sus recursos interiores y se cuidan, se quieren igual que antes, pero ahora se lo expresan y unos a otros se están ayudando a vivir mejor esta situación nueva y difícil que en otro momento o a otras personas les habría hundido en mutismo, depresión o enfurecimiento.

Es curioso cómo cuando uno está atento a la propia vida y a la de los otros, recibe constantes lecciones para vivir. Yo tengo la suerte de tener de compañero de clase a Joaquín, al que el puñetero parkinson, le está reduciendo las capacidades físicas, pero como él se trabaja mucho y lucha para no venirse abajo, está creciendo social, mental y espiritualmente tanto que es el mejor amigo, amante, padre y compañero de juergas y hasta de rezos. Yo me aprovecho de su insomnio para pedirle trabajillos informáticos, porque sé que el se organiza sus días y sus noches para disfrutar y ser válido lo más posible.

 Bueno, familia, como vivir es un arte y la obra de arte de cada uno es la propia vida, pues vamos a echarle salero e ilusión para disfrutar y regalar nuestra vida y así enseñar a los nuestros a que la gocen y la entreguen en la construcción de un mundo más cálido, más humano y más justo. Hasta la próxima, ahí va un abrazo             Mari Patxi                                   

REVISTA HUMANIZAR 109

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