Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

Archivo para octubre, 2011

LA AUSTERIDAD, LA SOLIDARIDAD, VALORES DE LA FAMILIA

Queridos sobrinos: Contabais el otro día el planazo que tenéis para este verano y me llamaba la atención lo poco que tiene que ver con los viajes que se monta todo el mundo. Vosotros vais a ir de campamento con chavales de familias desestructuradas, a hacerles disfrutar de una experiencia de grupo divertida, solidaria y educativa. Siempre he envidiado vuestra pertenencia a un grupo scout, entre otras cosas porque en mis tiempos no había y es de las cosas que me habría gustado experimentar, igual que vivir una temporada en un colegio mayor y acompañar una jornada de trabajo en un barco de pescadores. Son cosas que habría querido vivir, casi tanto como el visitar el tercer mundo, para dejarme interpelar y convertir por sus gentes, que es algo que haré algún día.

 Os decía que me gusta vuestro plan de vacaciones porque, me parece, que va a ser un verano que no os va a dejar indiferentes. A toda la familia nos interpelan y nos gustan vuestros planteamientos de vivir comprometidos con el mundo y de seguir trabajando para dejarlo mejor de cómo lo encontrasteis, que es el lema scout que os he oído expresar durante toda la vida. Y además podría asegurar que lo habéis conseguido porque se está bien a vuestro lado, cuidáis las relaciones familiares, nos implicáis en vuestras cosas y, con las “jornadas de puertas abiertas” que montáis en vuestros cumpleaños, conseguís que nos conozcamos y queramos todos vuestros amigos, compañeros, parientes y conocidos. No tenéis pudor en contarnos vuestros sueños, demostrarnos vuestro talante austero y pedirnos que no os hagamos regalos, para no fomentar vuestra parcela caprichosa y consumista.

 Es bonita esa opción vuestra de hacer que por cada cosa que entre en vuestra casa, ha de salir otra igual, es decir, que si os regalamos un libro, vosotros regaláis otro, si llevamos unos guantes para la niña, salen otros guantes de la casa y si le llevamos un juguete, ya sabe la niña que daréis otro de sus juguetes a otros niños, para no acumular y no tener tanto de todo. En vuestra casa se conjuga mucho el verbo compartir y hasta los niños pequeños lo expresan con naturalidad y frecuencia. Es importante y un buen testimonio que, en un momento de la historia en el que todos queremos tener de todo, mucho, y ya… vosotros elijáis tener poco y vivir austeramente como valor, como libertad, para caminar ligeros de equipaje y sin agobios de espacio y de chismes.

 Pues en vuestra campaña de vivir felices, de trabajar por la justicia y el bien común, os habéis planteado ir al campamento a compartir con estos niños vuestros días de vacaciones, porque es un gran regalo que hacéis a vuestros hijos, el vivir con otros, el compartiros, el que aprendan a querer y se sientan queridos por otros niños que habitualmente no están envueltos en cariño. Estoy segura que yo me habría planteado si mis hijos se “deseducarían”, si les atendería poco, si aprenderían cosas negativas o si les estaría restando una ración de padres, en vacaciones. En cambio vosotros nos habéis contado, con ilusión, que para ellos puede ser un aprendizaje, ya que son tan cariñosos, comunicativos y tiernos que facilitarán la comunicación del amor a estos chicos, aparentemente rudos, bruscos y poco afectuosos. Estáis convencidos de que toda la familia podéis ser un regalo bonito, para estos muchachos tan poco familiares, que verán cómo os queréis vosotros dos y cómo os comunicáis el cariño los cuatro.

 Yo entiendo que, tontos no sois, y sabéis muy bien que ir al crucero, que os invitó vuestro suegro, habría sido fantástico, pero habéis sido valientes al renunciar, ya que habíais adquirido este compromiso con vuestro grupo, en el que durante todo el año colaboráis como voluntarios. Habéis sido muy generosos y, además, lo hacéis sin alardear, sin haceros los mártires sino con el orgullo del bonito regalo que va a ser este verano para vosotros cuatro y compartiéndonos vuestros proyectos y planes, para hacer que los chicos disfruten de una experiencia casi familiar, de vivencias, ocio, aprendizajes y límites.

Me alegra un montón saber que hay cantidad de gente que gasta sus vacaciones en otros. Mi ginecóloga se va todos los veranos al tercer mundo, a operar. Nuestro amigo el óptico, el que recoge gafas usadas para llevarlas a Africa, se pasa dos meses cada verano practicando cirugías oftalmológicas, junto a otros dos amigos que fielmente regalan su veraneo a gente que lo necesita. Me sigue sorprendiendo cuántos sois los que adivináis lo que necesita la gente. Parece que tenéis un radar especial para detectar lo que les hace falta a otros. Es como si fuerais por la vida de forma cóncava, y ahí os caben los demás, mientras otros vivimos de forma convexa… solo llenos de nosotros mismos y ocupados de nuestras necesidades y temores y por eso no nos cabe nadie dentro, porque tenemos la mente ocupada solo en nosotros y en los nuestros y en los miedos a lo que les podría ocurrir.

 Os escribo esta carta para daros las gracias, porque vuestra generosidad nos cuestiona, vuestro compromiso nos interroga, vuestra austeridad nos anima a acumular menos, vuestra disponibilidad nos hace plantearnos si no estaremos instalados en un permanente acariciar nuestro yo, nuestro ombligo y, por eso no sabemos mirar al otro, al tú que nos acompaña, al que sufre cerca, al que nos necesita, al que está siendo injustamente tratado en este mal reparto que tenemos hecho de la vida y sus pertenencias.

 Dicen que el que es de Dios es de todo el mundo y eso creo que es lo que os ocurre a vosotros. Me consta que vivís en estrecha relación con Dios, que es Él el que os carga las pilas, el que os moviliza, compromete y entusiasma. Y realmente Jesús nos pregunta también a nosotros… ¿quiénes son tu padre y tus hermanos? Pues muchos más que los que están inscritos en tu libro de familia, tus hermanos son todos los seres humanos, mis hijos, especialmente los más pobres y los que sufren… y ante esta respuesta, no tengo nada más que decir que, que lo estáis haciendo muy bien, muy requetebién y que tenéis sólo una vida, que se pasa pitando, y la estáis viviendo coherentemente, de acuerdo con lo que queréis ser y soñáis construir, ese Reino de Dios de paz y de justicia, donde todas las personas vivan bien. ¡Os quiero tanto! Mari Patxi.

EL DIFÍCIL ARTE DE HACER FAMILIA

Querida sobrina: Acabas de comunicarnos tu próxima boda y nos has puesto a todos tan contentos y sorprendidos, pues vuestro noviazgo ha sido de lo más fugaz. Parece que siempre alegra la noticia de un enlace, aunque he de decirte que tras felicitarte con pasión, te propondría que os pararais a tener en cuenta unas pocas cosillas que, además del amor y la atracción, son importantes para formar una familia.

No quiero hacer de tía temerosa, ni marisabidilla, pero, como te quiero tanto y, además eres mi ahijada, me voy a tomar la libertad de hacerte unas poquitas recomendaciones. Os conocisteis en un viaje de ensueño, en su tierra, donde el lujo, el despilfarro y la aventura eran los reyes de la fiesta. Mohamed, que me parece adorable, era el guía y te conquistó con la primera mirada. Después estuvo todos los días acompañándoos y llenándoos de detalles, obsequios y sorpresas, de forma que no solo tú, sino todas tus amigas, os rifabais a ver quién era la que se llevaba al chico “buenorro” al huerto… Pasasteis juntos unos días de lujo y fantasía y a esos les siguieron unas cartas apasionadas, otra visita de él a tu terreno y tu comportamiento de perfecta azafata, guía, anfitriona y, final… “amiga especial”.

Ahora estáis programando a toda prisa esa boda alucinante que, nos contabas, va a ser una auténtica obra de arte, creada por los dos y que nos sorprendería y encantaría a todos. Estás radiante, guapísima, agobiada y llena de sueños. Me gusta verte así, entre otras cosas porque había esperado mucho este momento, ya que el calendario corre y los años de fertilidad pasan muy deprisa, cuando se está sumergido en la realización personal y en vivir para viajar. Quiera Dios que lleguéis a tiempo para ser padres, que será lo que coronará vuestro amor y que inventéis una familia estupenda, de la que salga gente feliz, sabia y generosa.

Quiero recordarte que no es nada fácil el acople de dos vidas que vienen de situaciones diferentes. Porque en todas las parejas hay que pasar una etapa de acoplamiento larga y costosa. No hay dos casas en las que se viva igual y cada uno viene a la pareja con la mochila llena de aprendizajes, costumbres y hábitos, que habría que compartir y pactar la forma nueva en que se va a vivir juntos. Siempre es difícil inventar un hogar nuevo, al que cada uno aporta lo que aprendió en su casa. Porque, de niño, uno aprende en la familia qué es el amor, la casa, la enfermedad, los amigos, el dinero, el uso de las habitaciones y los muebles, el tener invitados o el temer a los que llegan de fuera, el uso del baño, el descanso, la fiesta, la comida, la enfermedad, la relación con el otro sexo, la valoración del hombre y de la mujer, el reciclaje, la decoración, la forma de ordenar o desordenar los espacios, los ritmos de vida, los bebés, los hijos, el ocio, las ilusiones, el ritmo vital… y así podría decirte las mil cosas que se quedan tatuadas en la mente de los niños y que son los aprendizajes vitales con los que saldrá al mundo.

Harán falta miles de conversaciones para pactar acuerdos, intentando no molestar al otro y creando una relación y un hogar que os sea agradable para los dos. Ahí está la auténtica dificultad de todas las parejas y ese es el verdadero arte, el de construir una forma de vivir nueva, diferente y única, sumando lo que cada uno siente, sueña, desea y necesita, quedando los dos igualmente satisfechos, sin que nadie tenga que hacer un holocausto de renuncia radical por el otro. Hace falta ser muy artista para adquirir nuevas formas, decoración, hábitos y modos de vivir que os deje a los dos satisfechos.

Por eso, no puedo por menos que recordarte algunas dificultades que pueden surgir en vuestra relación. Venís de dos culturas completamente diferentes. No es lo mismo ser mujer y hombre, en su país y en el tuyo, no es lo mismo creer en un Dios que prohíbe, que creer en uno que ama y libera, no es lo mismo tener un concepto del hogar como espacio de encuentro, acogida y comunicación, como el de tener un museo intercultural en el que cada uno lucha por potenciar su estilo y preferencias.

No quiero hacerte daño, sobrinilla, que te quiero mucho, pero necesito recordarte que vivir es un arte y vuestra obra de arte es vuestra vida, esa que tenéis cada uno y a la que estáis llamados a ser en plenitud los dos. Mirad si juntos os hacéis crecer, os frenáis, os empujáis u os sostenéis. Si tú a él no le haces mejor persona, no te cases con él, si piensas cambiarle y forzarle para que piense como tú y termine abandonando su religión para bajar el nivel de tu compromiso con Dios y con el mundo y juntos vivir una fe light, que os aune, minimice y empobrezca… no merece la pena que forméis una familia que os raquitice.

La verdadera obra de arte no es inventar una celebración más loca que las de tus amigos, ni unos efectos especiales más sorprendentes, ni que tenga maquilladora el salón del banquete, ni que haya baile toda la noche para desayunar todos los invitados juntos y hacer una aventura mañanera, para que dure mucho la ceremonia. No se trata de que te cambies de vestidos, como en las bodas de la familia de Mohamed, ni de que regaléis a los asistentes el recuerdo más estrambótico y sorprendente que se haya podido imaginar. No… la obra de arte que os traéis entre manos los dos es la de construir un hogar en el que los dos viváis felices, una relación que os potencie a ambos, una casa abierta, que se enriquezca con la presencia y la confidencia de los amigos y familiares, un ocio que os descanse y os entusiasme, un romance que os haga crecer y vivir ilusionados por reencontraros, por hacer el amor, sin prisas, por hacer que el tiempo común sea gozoso para los dos y sea algo que estáis esperando con ilusión.

Os queda mucha tarea por hacer, y no es sólo el follón de la boda y sus efectos especiales. |No, lo más importante sería que hagáis un buen cursillo prematrimonial, que os enriquezca, que aprendáis de otras parejas a complementaros, a reíros juntos, a manejar la ira y acortar los enfados, a frenar los reproches que castran y raquitizan al otro, a potenciar el hablaros bien, el regalaros estímulos, el cuidar los detallicos de ternura, de sorpresa, de novedad en el d’ia a d’ia. También sería importante que vuestro acople sea corporal, pero también mental, porque vais aprendiendo y creciendo juntos, social, porque os relacionáis acogiendo la familia del otro, cuidando de los amigos, siendo alguien que enriquece el lugar donde está, sea el trabajo, la familia, el super, el ocio, el mundo o la sociedad. Y, por ‘ultimo os deseo que enriquezcáis vuestra parcela espiritual y cuidéis ambos vuestro encuentro con Dios, aunque le llaméis por distinto nombre, pero que os ha soñado felices y plenos.

Que no sea vuestro principal interés el vestido, el banquete, la invitación, el baile, el regalico a los invitados, la tarta sorprendente, el lugar donde se celebre, la batukada de después, la barra libre, las alpargatas para los que les duelan los pies, por los zapatos nuevos, el coctel de media noche o el carrito de chuches que se paseará por el baile.…

Me vas a perdonar, pero lo más importante es que cuidéis la ceremonia, que os comprometéis públicamente a quereros para siempre, que expreséis vuestro amor, de forma que sea auténtico, contagioso para los asistentes y fiel a vosotros. Y si, además, nos compartís vuestro proyecto de pareja, la forma en que queréis vivir vuestro complicado amor, si hacéis de la ceremonia algo cálido, fresco y humano, que todos entendamos y podamos celebrar vuestro cariño y pedir a Dios que os bendiga e impulse para conseguir juntos una vida bonita y feliz para los dos y que el mundo esté un poco mejor porque vosotros sois un regalo para quien viva a vuestro lado, sea hijo, trabajador, compañero, vendedor, mecánico, autobusero, … en todos ellos puede repercutir vuestro amor, si conseguís ir aumentándolo cada día, como la chimenea a la que cada uno va echando leña, para mantener el calor de hogar y el bienestar para los de dentro y los de afuera.

Sobrinísima, te he metido un buen rollo, y estoy encantada de que os caséis, pero sólo he hecho advertiros de algunas cosillas que con el subidón del enamoramiento se os podían pasar de largo.

Que Dios bendiga vuestro amor y os ayude a comunicaros, pactar y comentar todo, para que sigáis queriéndoos cada día un poco más. Yo también os quiero un montón. Un abrazo a ambos MP.

EL HUMOR SALUDABLE

Querida familia: Hoy, cuando he ido a ver a mi amigo a oncología del hospital me ha encantado que, al preguntarle cómo estaba, me ha contestado que “en la gloria”, porque estaba maravillosamente atendido y porque además, con un poco de mala suerte, también podría estar cerca de la Gloria… Luego nos hemos estado riendo de que no quiere tener aspecto de enfermo y cada mañana, internado, se levanta, se ducha y se viste de calle, porque le deprime verse en pijama conectado a su chute de quimioterapia. Nos han contado que, como la cama del acompañante es muy incómoda, esta noche ha dormido su mujer en la del enfermo y él en la del acompañante, aunque ella no ha descansado del todo por temor a que le confundieran y le pusieran una inyección, una sonda o cualquier otra fechoría hospitalaria que debería recibir su marido. Nos hemos reído un buen rato con sus ocurrencias y al volver pensaba yo lo bueno que es saber poner humor en las situaciones negativas para suavizarlas.

El sentido del humor es una cualidad del amor que hace soportable lo más duro, que suaviza un dolor, magnifica una emoción o ridiculiza una situación. Cuando mi amigo decía que estaba cerca de la Gloria, me gustaba comprobar que sabe bien dónde está, pone nombre a lo que le ocurre y no necesita mentiras piadosas de los de alrededor, porque es suficientemente adulto para saber con quién se la está jugando. Pero al contarlo con humor se lo hace más llevadero a sí mismo, a sus hijos, amigos, familiares y a todo el entorno y, además, como decía él, deja de sentirse en el mundo de los que se están despidiendo de la vida, para estar en el grupo de los vivos, los que tienen ilusión, los que se ríen de sí mismos, los que saben poner chispa aún en la tragedia.

 Dicen que es la familia la escuela de casi todo, pero desde luego es en ella donde uno aprende a dramatizar trágicamente los pequeños y grandes reveses de la vida, o a tomarlos con humor, intentando quitarles importancia o, por lo menos procurando vivir más ocupados que preocupados, más poniendo la lupa en lo positivo que en lo negativo que ocurre, o puede ocurrir.

 Ya desde niños aprendemos de nuestros padres cómo se viven los problemas, la enfermedad, el dolor, la muerte, las preocupaciones, las tragedias y las dificultades comunes de la vida. También es en casa donde aprendemos a autocompadecernos y hundirnos o a desdramatizar, a reírnos de nosotros mismos, a tomarnos menos en serio y a sobrellevar con humor las dificultades y los defectos propios y de los demás miembros del hogar.

Realmente, si supiéramos tomarnos a broma muchas cosas, la vida sería mucho más sencilla, porque lo que hoy es un drama mañana puede ser una anécdota, sin más importancia. Además, todo se pasa, como dice el refrán, “no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista”, así que hay que saber relativizar, para poder superar cada situación. Sería bueno iniciar el día como asomándonos al balcón de la vida, desconociendo lo que nos deparará la jornada, pero con ganas e ilusión de poder con lo que venga, de reírnos de lo de ayer, de procurar llorar poco por lo de siempre y de disfrutar al máximo las pequeñas cosillas cotidianas.

 Dicen que somos lo que pensamos, pues según lo que nos decimos por dentro, así sentimos y en consecuencia actuamos. Es la fórmula del PSA, que no es el partido socialista andaluz, ni la fórmula prostática, sino el Pienso, Siento y Actúo, lo que rige nuestra vida. Si viene un revés que me cambia los planes o la vida, puedo pensar y recrearme en todo lo negativo que se avecina, entonces sentiré tristeza, amargura, autocompasión y bajón de energía y actuaré sin ganas de vivir, serio, inapetente ante todo lo que la vida me ofrece y me sumergiré en mi dolor. En cambio, si ante ese mismo revés, o conjunto de ellos, que a veces los males parece que nunca vienen solos, pues pensaré en qué es lo peor que puede pasarme y qué puedo hacer para encontrar algo positivo o actuar construyendo, sentiré energía para buscar las mejores soluciones, para dejarme ayudar, para aceptar apoyo, cariño, ayuda y recursos y actuaré buscando personas y actividades nutricias que me hagan este trago más llevadero, para mí y los míos, intentando que haya el menor desgaste de energía, tiempo y pena y, al mismo tiempo, brote de mí lo mejor para cuidar a quien lo necesite y autocuidarme, al mismo tiempo, para dejar fluir recursos que quizás hasta ahora nunca había utilizado, pero que poseo, como saber decir el cariño, aprovechar el tiempo, disfrutar al máximo los pequeños momentos de comunicación, de ternura, de generosidad y de felicidad, que también están presentes en toda dificultad.

 Para los que vivimos la vida sabiéndonos hijos de un Padre que nos quiere tanto, que tiene cada cabello de nuestra cabeza contado y nuestro nombre tatuado en la palma de su mano, podemos hacer lo que nos propone y acudir a descansar en Dios nuestros cansancios y agobios, convencidos de que nos sosegará y aliviará e iremos viviendo el cada día apoyados en su presencia, dejando que su Espíritu y su fuerza hagan brotar nuestros recursos interiores y los de los demás, para que nos llene el corazón de risas y la boca de canciones y así poder con los contratiempos y gozar la vida a plena pulmón y con humor.

 La mayoría de los filósofos han tenido también un gran sentido del humor. Recuerdo en este momento aquella frase de Beltran Rusell que decía: El secreto de la felicidad está en haber elegido unos buenos padres”… así que ójala los nuestros nos hayan educado con humor, además de con amor. Pero para hablar del sentido del humor, es curioso, que sólo puede hacerlo quien lo posee, cosa que no ocurre en otras materias como, por ejemplo la belleza, que puede describirla hasta la persona más fea del mundo.

 Y, como dicen también que toda cosa negativa que nos ocurre trae un regalo, intentaré descubrirlo para vivir la situación como oportunidad de crecimiento y comunicación, de unidad y de florecer fortalezas vitales. Recordemos también que toda persona tiene sus agujeros negros en su historia vital, así que yo voy a sanear un poco los míos y reírme de la última bronca que estoy alargando, pidiendo perdón pronto y perdonándome a mí misma por haberme tomado tan en serio. Ahí va un abrazo Mari Patxi

La familia soñada

LA FAMILIA SOÑADA

Querida familia: Aunque ya os he escrito un montón de veces, que la familia ideal no existe, os cuento hoy la fantasía de la familia que me habría gustado conseguir. Quisiera que hubiera estado basada en una relación de pareja sólida, con un proyecto de pareja que fuera la suma de la realización de ambos, dos seres que se unen para impulsarse en la tarea de ser cada uno alguien único y especial. Que en esta fusión no se frene, ni se sostenga al otro, sino que se le empuje a cumplir sus sueños, a crecer, a desarrollarse en todas sus capacidades, no sólo en las que tienen que ver con la vida familiar y de relación, sino también con las posibilidades únicas que cada cual posee. Que se viviera un amor abierto, por el que se creara un hogar feliz, alegre, sencillo y acogedor, donde los de fuera, los vecinos, los familiares, los cercanos y los lejanos se sintieran como en su casa.

 La familia soñada

Me gustaría que esta pareja hiciera crecer su amor antes de decidir tener un hijo, para que les pillara la paternidad con cierta madurez y supieran que ser padres es ser carril del amor de Dios y que se tiene para ayudarle a ser persona y también para los demás. Que su paternidad y maternidad estuviera muy bien vivida por los dos, en la que la afectividad, el reparto de tareas, el juego, los límites, el ocio y el descanso, se viviera juntos, ayudando al niño a que no fuera caprichoso y tuviera pocas necesidades. A este hijo se le enseñaría a vivir en el amor y a darlo, a caer en la cuenta pronto de que él puede ser fuente de cariño y de alegría para los padres y para los demás seres humanos con los que se relaciona.

Esta familia que sueño sería un elemento socializador de ese niño, que interactúe lo antes posible con mucha gente, que se comparta, se preste, se cuide por otros, se le abra el horizonte del hogar a un grupo mayor de amigos, familia, y guardería, para que aprenda a compartir, a relacionarse con otros, a ser abierto y generoso, siempre cuidando que se siente bien arropado por sus padres que, sin superprotegerlo, le den la seguridad de su cariño, de su pertenencia y de sus límites.

En este hogar habría alegría. Se podrían levantar con la música de “Hoy puede ser un gran día”, de Serrat, a modo de despertador, con el fin de ir inoculándose pensamientos positivos e inteligencia emocional, para vivir sin quejas y con un talante común potenciador. Se comería sin ver televisión y se harían ratos familiares de lectura y de contarse cuentos. Todos los días habría un ratico para orar, antes de acostarse, y acostumbrar a los niños a saberse en manos de Dios. También al comenzar el día, se haría una oración breve de pedir al Señor vivir el día con El y, cuando los hijos sean un poquito mayores, leerían el evangelio en el desayuno, todos juntos, a modo de impulso para “salir rezados de casa”.

En esta familia soñada, se dirá el cariño con mucha frecuencia. Se ahorrarán los reproches innecesarios, que sólo enrarecen el ambiente y rompen la ternura. Todos saldrán queridos de casa, evitando enfados, sabiendo que el cariño es lo mejor que se pueden dar los unos a los otros y que es la defensa y la fortaleza para la vida.

Cuando tengan el segundo hijo y los siguientes, ayudarán a los anteriores a vivir el síndrome del príncipe destronado, sabiendo que es doloroso pasar a segundo plano, pero ayudando al proceso de aprendizaje y aceptación del nuevo hermano. En esa familia se comentarán las dificultades con naturalidad y se dejará expresar las emociones, que no son ni buenas ni malas, sino que es lo que se hace con ellas lo que está bien o mal. Se pondrá nombre a la envidia del nuevo hermano, sin culpabilizar, a la competencia del que hace las cosas mejor, sin poner de modelo unos a otros, sin comparar, competir, ni preferir a nadie sobre nadie.

Serán generosos en el perdón y así se lo harán sentir a sus hijos, a los que desde temprana edad se les enseñará a autoperdonarse y perdonar a otros. Se comentarán las dificultades del perdón y los beneficios que proporciona a quien lo vive y lo regala. También se cuidará el enfado, que se aceptará como algo normal en las relaciones humanas, pero se enseñará a los niños a hacer que sean breves y que rompan poca armonía familiar. Como manejar la ira es algo que se aprende en la familia, en ella se cuidará la resolución de los conflictos, de cualquier tamaño, para evitar chantajes emocionales y deterioros de la relación tanto por no expresarse la ira, como por dejarse llevar por ella en exceso. Serán una familia pacificadora entre ellos mismos y en su entorno.

Los padres cuidarán el seguir siendo amantes, además de padres, por lo que sacarán un tiempo para ellos, sin hijos, a los que se les acuesta, se les deja solos a ratos, para que aprendan a no tener que estar siempre con mayores, o constantemente estimulados. También la pareja procurará tener algún kanguro, una vez cada semana o cada 15 días, que atienda a los niños y les permita salir solos para cuidar su relación y su romance.

Esta familia, que querrá vivir comprometida con el mundo, enseñará a los hijos a ser solidarios en la ecología, en el compartir, en el usar ropa y juguetes de otros y en el cuidarlo para volver a pasarlo a otras personas que lo necesitan. Se vivirá como valor el consumir menos, el tener poco y el ser austeros, como fruto de su libertad interior. También aportará salud y testimonio a sus amigos y familiares, comentando lo que quieren vivir y pidiéndoles una complicidad en el no regalar, no consumir y no ser exagerados en celebraciones y gastos. Esto también invitará a que los amigos, unos a otros, se vayan contagiando un estilo más sencillo, austero y solidario.

La familia que yo sueño tendrá un compromiso con alguna ONG, grupo, o espacio con el que compartir bienes, compromiso y preocupación por los más pobres. Así vivirán más atentos a lo que otros necesitan, que a lo que los de su entorno van consiguiendo. Se les ofrecerá como valor de libertad el no ser el primero en tener lo último, sino en la valentía de haber tardado mucho tiempo en adquirir la “maquinita esclaviza niños” o algún archiperre de los muchos que hoy tienen todos los niños, que hacen que parece que vivan en jugueterías, en vez de en hogares normales.

La forma de invitar en esta casa será la de “la puerta siempre abierta… la mesa extendida… para un nuevo sitio disponed para un amigo más. Y este aprendizaje será un valor para los hijos y un compromiso de los padres, que se supone lo tendrán que fortalecer en algún grupo o comunidad cristiana, que les ayude a vivir con esos sueños e ideales que les lleve a comportamientos radicales de compromiso, austeridad, sencillez y desprendimiento, que van contra los que se viven en la sociedad en que estamos inmersos.

Y, como estamos en esta etapa difícil de la conciliación de la vida familiar y social, en la que se pone en cuestionamiento el tiempo que se dedica a los niños, la liga de la lactancia indefinida, el colecho (o que los niños duerman con los padres y mamen cuando quieran)… tendrán que ir buscando la mejor manera de vivir y de hacer familia, intentando equilibrar su vida laboral con la familia y las necesidades de todos. Son tiempo de abrir nuevos caminos e inventar nuevas respuestas, desde el Duérmete niño, hasta la educación en libertad de Summer Hill y otras escuelas.

Mientras todo esto va ocurriendo, los hijos serán educados en la responsabilidad y reparto de tareas del hogar, valorando más la cama hecha por ellos, aunque quede como una cordillera, que la que hacen los padres, más rápidamente y mejor. Se les dejará ir haciendo pinitos domésticos, cocinando, limpiando, recogiendo y otras tareas con los que se aprendan los roles familiares compartidos. Todos podemos hacer algo para que la familia funcione mejor, para que alguien descanse más, para tener detalles de servicio y cuidado de los padres a los hijos, entre sí y los hijos hacia sus padres y hermanos.

El tiempo de comida será un espacio de comunicación en la que todos se interesen por todos, en el que no haya demasiadas correcciones, para que lo importante sean las personas. Habrá que poner cuidado con las normas, que existan, pero no rompan la armonía familiar. Sería bueno comenzar bendiciendo la mesa, para acostumbrarse todos a sentirse agradecidos por los alimentos que se tienen y para caer en la cuenta de la presencia de Dios en su familia, por las peticiones o agradecimientos de toda la familia. Este gesto es algo que crea una complicidad espiritual importante. Nadie comienza a comer, sin haber dado gracias y sin escuchar qué necesidades tienen lo demás comensales y el mundo en general. Este es un hábito que, cuando se adquiere de pequeños, dura para toda la vida.

Habrá que sacar tiempo en la vida de familia para el diálogo y la comunicación profunda, a nivel de sentimientos. Tendrán algún rato especial en el que se cuenten cómo están en la familia o qué les gustaría cambiar. Y de esta familia feliz brotará y se cuidará el humor, como cualidad del amor, las risas, las carcajadas y el saber reírse de sí mismos será algo que adorne y facilite la vida común, aunque se tomen muy en serio los momentos de crecimiento y desarrollo que esté viviendo cada uno de sus miembros. La música de fondo de esta familia será como la de los Tres Mosqueteros: Todos para uno y cada uno para todos, es decir, que vivan con la seguridad de que se tienen, se quieren y se apoyan y el núcleo familiar es algo que da seguridad y descanso, al tiempo que favorece la independencia de todos los miembros y la vida familiar y la social.

La amistad será un valor importante en esta familia, no sólo por su forma sencilla de ser anfitriones, sino por la calidez con la que se acaricie la vida de los otros y las relaciones, tanto las de los padres, como las de los hijos, los vecinos, la macro familia, el barrio, el colegio y la sociedad en general. Serán una familia con corazón universal, abierta a lo que ocurre en el mundo y muy atenta a lo cercano y común. Conforme vayan creciendo las personas de esta familia se irán integrando en la vida social y la vuelta a casa será el descanso y el impulso donde uno se siente amado, comprendido, estimado esperado y descansado para salir al mundo fuerte, para mejorarlo y ser un regalo para los demás.

Estos hijos, cuando se vayan haciendo mayores, vivirán el valor del compartir, del acoger, del saber ser amigos, que participarán de esta apertura y calidez familiar. También se sentirán potenciados por todos para ocupar cada uno su lugar en el mundo, a la hora de elegir estudios, trabajos y relaciones.

Y todas estas cualidades que esta familia poseería, vendrían avalados por una buena relación con Dios que potencia y fomenta lo mejor de cada uno, manteniendo una forma de oración, participación de la liturgia eclesial y comunicación con Dios, que se irán adaptando a las edades y ritmos de los participantes. Incluso sabrán vivir la época adolescente o juvenil en la que los hijos “necesitan borrarse de la fe de los padres, para encontrar la propia”. Los padres contagiarán su fe, contando, con sencillez y naturalidad, lo que Dios va haciendo en sus vidas, es decir, que ”darán limosna de lo de dentro”, con una comunicación profunda e íntima que haga apetecible la amistad con El, o se viva como el gran impulso a la felicidad de los seres humanos.

Temas como la enfermedad, el dolor, el paro, la vejez, la muerte, la economía, etc., se irán hablando con claridad en la vida común, que es donde uno aprende a dar la importancia que cada uno va teniendo en la vida de la familia y de los de fuera, sabiendo que es en la casa donde se da el gran aprendizaje de todas las cuestiones y la escala de valores vitales.

Mari Patxi Ayerra

Querida yo

Querida mía, o malquerida yo misma: Hoy me van a permitir que no les escriba a uds, porque algo chungo pasa por mis adentros, que no consigo salir de mi ombligo. Estoy mal, y me doy muchísima pena. Es más, estoy tan mal, que no quiero que se me pase. Por eso vuelvo a darle vueltas y más vueltas a este estado de ánimo mío en el que no cabe nadie. Y el caso es que echo la culpa a los demás de lo que me pasa, que eso me alivia mucho, pero no consigo levantar cabeza.

He de reconocer que nunca he sido sencilla de entender. Es más, creo que tengo un alma complicada. Creo que he intentado luchar contra las dificultades e ir sobreponiéndome de todas ellas, pero las que más me han costado han sido siempre las de las relaciones. Me gusta la gente, necesito a las personas para vivir y me pone bien la comunicación desde el fondo del alma. Da igual que sea de la propia basura o de las excelencias, pero la libertad de expresión de lo propio y común me mejora el estado de ánimo. Soy consciente que necesito ser amada, como todo el mundo, o incluso un poco más que los demás y eso me hace tratar a los otros como me gustaría que me traten a mí. Por ello soy simpática, servicial, atenta y cariñosa. Bueno, quizás más de lo primero que de esto último. Digo el cariño, pero soy más servicial que afectuosa… y el caso es que me muero por que me quieran.

Yo, que siempre he trabajado en cosas de voluntariado y he llenado de detalles la vida de los de alrededor, aprendí mucho de esto de regalarse a los otros, cuando en uno de los mil cursos de formación que una recibía, para estar a la altura del trabajo, nos hicieron el ejercicio de tener que dar las gracias a todas las personas que se dejaban ayudar por nosotros, es decir, las que hacían posible que mantuviéramos el estatus de ayudador, voluntario o acompañante de sus dificultades. Ahí caí en la cuenta, muy bien, de que mi necesidad de echar una mano al otro me hacía sentirme válida e importante, y añadía a mi vida un valor añadido. Es decir que yo, soy la que soy, gracias a tantos seres humanos que, a lo largo de mi vida se han dejado acariciar, prestar, ayudar, acompañar, poner inyecciones, tomarse mi gazpacho, preparar una celebración, un escrito o un rezo, homenajear, invitar, animar, leer mis libros, acoger mis afectos, ser mis amigos, compartir orgías gastronómicas, pías, artísticas, carnavaleras o folclóricas, ser amante, tener hijos, hacer familia, amar, gozar y reír, educar, festejar, celebrar, sufrir, enfermar y curar…. Y tantos infinitos verbos que saldrían en este recuento vital.

El caso es que ya he llegado a la edad de la jubilación. Ya debería dejar mi vida pública, no iniciar nada, dejando que sean otros los que las inventen, no querer ser el perejil de todas las salsas y dejar la actitud de dar, para situarme en la de recibir. Porque además tengo una necesidad espantosa de que me quieran, de que me valoren, de que me echen en falta… y ahora resulta que en la vida familiar estamos en el momento en el que los hijos tienen que inventar su vida y están trabajándose la independencia, con lo cual es bueno saber desaparecer, para no invadir, atosigar ni controlar. En la vida de pareja los ritmos son diferentes y los sexos nos han llevado a tener necesidades absolutamente distintas… casi opuestas diría yo. Las actividades disminuyen, las tareas domésticas pierden su atractivo, si es que alguna vez lo tuvieron, pero disminuye su inmediatez e importancia. El cuerpo está menos lucido; no sé por qué demonio el cuerpo pierde lozanía y un día te miras al espejo y te ves comouncallorecalentado y otro te ves fantásticaparatuedad, pero ya nunca más te encontrarás divinadelamuerte… Siempre tienes alguna tarea pendiente, pero las ganas aprietan menos y te ronronean por dentro los deberías, que te recuerdan que has de hacer limpieza de aquel agujero negro recién descubierto, o de aquella costura que te espera fielmente en la caja de la labor, o que has de llamar o visitar a alguien, o que tienes que escribir ese correo que siempre pospones, o que sería bueno que comenzaras de nuevo el régimen, o que quizás los tiestos necesitan que les dediques una tarde…

Pero va y tus deseos son otros, como estar con amigos, ver un rato a los tuyos, que te coman de besos los nietos, que te inviten a su casa, en vez de ser tu siempre la que montas comidas multitudinarias, con cara de que no te cuesta nada hacerlo, que te hagan un regalo sorpresa, que te pregunten por tus cosas y sean capaces de escuchar la respuesta, que te llame algún amigo traspapelado, que alguien te proponga un planazo, que se adecuen a tu ritmo, aceptando con naturalidad que ya no eres la que eras, que no se harten de tus correos, que te escuchen un rato, en el que te sientas tan aceptada que no termines la historia maquillándola para no aburrirles…

Y deseas que te quieran, que te lo digan, que te lo demuestren, que te tengan en cuenta, que comprendan que salirse de la vidilla de la vida es duro y la rutina, sin planes es angustiosa y aplastante

Con la queja perdemos energía

LA QUEJA

Querido familión: ¡Qué bien lo pasamos el otro día, reuniéndonos todos los primos, después de no vernos en tanto  tiempo…! La verdad es que nos queremos y disfrutamos juntos un montón.

También es curioso cuánto nos parecemos y cómo llevamos en los genes “la marca de la casa”, en cuanto al humor y la pasión por la gente. Pero una cosa me dejó preocupada y fue la cantidad de veces que se contaminó nuestra conversación con quejas.

A pesar de que nos contamos la vida, y hubo muchas noticias positivas en la conversación, caí en la cuenta de cuantísimo nos quejamos. Dicen los expertos que un deporte nacional es la queja, pero la verdad es que, casi sin darnos cuenta,  hablamos de enfermedades, descalificamos comportamientos, gestiones y formas de vida, sacamos a relucir las dificultades del trabajo, de la crisis, de la educación de los hijos, de la falta de sueño, del tiempo, de la urgencia por aprender un idioma, de los transportes, de los medios de comunicación, de…

Estoy convencida de que si hoy falleciera cualquiera de los presentes, que nos queremos tanto, recordaríamos las cualidades que tiene, los ratos buenos vividos, los momentos especiales y las risas compartidas. Pero esos comentarios positivos, esos recuentos tan bonitos como auténticos, los dejamos para los funerales.

Mira que nos queremos todos un montón, pues allí no salió ni una palabra de cariño. Preguntamos unos por otros con verdadero interés, seguimos en la distancia la vida de todos, porque nos importamos, porque juntos somos la familia que da estabilidad a cada persona del clan, pero, la verdad es que cuando estamos juntos decimos paridas, nos reímos mucho, tomamos el pelo, pero nadie habla desde los sentimientos.
Contamos lo último que ha ido mal, aquella dificultad con el coche, con el trabajo o con la salud, pero no nos contamos cómo estamos por dentro, no decimos lo bien que andamos en la pareja, lo ilusionados que estamos con estos hijos que nos llenan la vida de sentido, lo orgullosos que nos sentimos de los detalles de generosidad que están brotando en los descendientes, o del compromiso social que tenemos unos y otros, de lo que nos alegra acoger a gente en nuestra casa y construir un hogar disponible, lo bien que lo hacen los primos que ha adoptado esos niños o las dificultades que están superando con esta situación.

Me ha gustado cuando Elena y Carlos han invitado a que seamos austeros en los regalos y han explicado lo del consumo responsable. También ha sido estupendo cuando Lidia nos ha propuesto lo de apadrinar una familia y la buena respuesta que ha tenido en todo el grupo. Pero, hay que reconocer que han sido valientes, porque siempre hablamos superficialmente y casi nunca tocamos temas serios. A mí me gusta saber cómo vivís, qué os planteáis, cuáles son vuestros valores y a quién estáis haciendo bien con vuestra historia. A muchos de vosotros os tengo de ejemplo, pero nunca os lo digo. Sois una gente especial, pero tenemos la misma máscara de la sociedad, de juntarnos para quejarnos.

Como sois mi gente, mi familia, las personas que más quiero, me apetece felicitaros por lo bien que sé que vivís…, por el compromiso que tenéis unos en vuestra escalera, cuidando las relaciones y la ayuda entre los vecinos, otros en vuestro barrio, otros en organizaciones solidarias; pero unos y otros estáis comprometidos en apoyar económicamente un comedor en Perú, un hospital en Nicaragua, un apadrinamiento en… y todos estáis haciendo algo para dejar este mundo mejor de cómo os lo encontrasteis.

Y porque estoy orgullosa de vosotros, quiero proponeros que, además, intentemos hablar en positivo, que no digamos sólo lo malo de la gente, de las situaciones y de los políticos. Vamos a elegir contagiar esperanza, positividad, buen humor, ganas de vivir y de querer a la gente, Las emociones, como las enfermedades se transmiten y se contagian, así que vamos a ser sanadores y pasar el virus del biendecir, que es decir bien del otro y de la vida, ya que las personas que se quejan son como pequeños ladrones de la felicidad de los de alrededor.

Vamos a ser buena noticia, pero pronunciada con fuerza y con pasión, con un buen megáfono, con los medios de comunicación que hoy tenemos a nuestro alcance. Vamos a dar limosna de lo de dentro, compartiendo nuestra ilusión, el dinamismo y el sosiego que Dios hace fluir de nuestros adentros y seamos un regalo para los que están alrededor. No podemos guardarnos esa riqueza para nosotros solos.

Dice la ciencia que nuestros pensamientos son los que crean nuestros sentimientos y ellos nuestras acciones.
La psiconeuroinmunobiología (vaya palabreja) asegura que, una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma, puede ir mucho más allá de lo que uno puede imaginar. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad de producir cambios físicos y anímicos muy profundos en el organismo. Se ha demostrado que, un minuto manteniendo un pensamiento negativo, puede lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje y afectar nuestra capacidad intelectual, porque deja sin riego sanguíneo las zonas del cerebro donde se toman las decisiones. No es por hacerme la “marisabidilla”, pero he leído que un valioso recurso contra la preocupación, la ira o el desánimo es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro, favorecer la secreción de hormonas, como la serotonina y la endorfina, y mejorar la sintonía de los ritmos cerebrales. Todos podemos llegar a ser escultores de nuestro propio cerebro, teniendo un discurso interior positivo, ya que nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestra percepción de la vida. Por eso, no vemos el mundo que es, sino que vemos el mundo que somos por dentro.

Además, como algunos científicos dicen que cuando uno repite una conducta durante 21 días seguidos, ésta se convierte en hábito, pues vamos a desaprender la queja habitual que todos hacemos desde muy niños y a dar noticias positivas, verdaderas, claro está.
Este reto podría cambiar nuestra vida y la de los de alrededor. Yo me voy a poner un hilo, a modo de anillo, para proponerme frenar quejas, críticas y chismes y, cuando falle, me lo cambio de mano y comienzo a contar otros 21 días, a ver si consigo hacerme una limpieza interior que me energetice y me ayude a vivir mejor y a contagiar mejor vida. ¿Alguien se apunta conmigo?

Un abrazo Mari Patxi

Cuando el amor se rompe

LA SEPARACIÓN ES UN GRAN DUELO


Querida sobrina, sé lo mal que lo estás pasando desde que te separaste, y que este aviso del colegio en el que diagnosticaban a tu hijo de 5 años tristeza, te ha hundido ya en la miseria, por eso hoy me gustaría echarte una mano, a ver si entre las dos conseguimos mirar tu familia con lupa y ver la forma de ponerle un poco más de salud mental a la situación o, por lo menos, suavizar un poco el dolor.

Te ha ocurrido algo dolorosísimo, como es la ruptura de vuestro matrimonio. Es verdad, y dicen que después de la muerte de un hijo, es el duelo mayor que pueden sufrir unas personas, la separación conyugal, la ruptura de vuestro proyecto de pareja, que os deja a los dos con la vida paralizada, con todos vuestros sueños rotos, con el corazón partido, por lo que sufrís los dos y el niño, que quiere vivir en una sola casa y quiere juntaros como sea.

Sé que es tremenda vuestra separación y no por ser muy frecuente es menos dolorosa. Me molesta a mí mucho cuando alguien comenta, a la ligera, que está de moda separarse y se hace muy alegremente, con lo que lleva consigo de sangre, sudor y lágrimas. Las personas que hablan así es porque no han vivido el deterioro de una pareja de cerca y saben poco del corazón humano. También me consta que hay personas que lo superan antes que otras, que parece que encuentran antes motivos para ilusionarse, para llenar su vida de sentido y para reorganizar su nueva manera de vivir.

Llevabais muchos años construyendo vuestro proyecto de pareja y ha tardado poco en romperse, en apearse uno de los sueños comunes y conformarse con una vida mediocre y uniformada. Es duro ver cómo te echan la culpa los que esperaban de ti un comportamiento sacrificado y abnegado, en el que te conformaras con la armonía, al precio que fuera, aunque sea el de vivir una vida gris y sin sentido, uniformada con la de otros seres humanos que sólo aspiran a vivir trabajando, comprando, redecorando su casa, corriendo y gastando las horas restantes delante del televisor. A ti te gustaba crear hogar, tener una casa abierta, tener amigos, vivir un compromiso con el entorno,  gastar algo de tu vida en
mejorar el mundo, en cuidar las relaciones y la ayuda a los de alrededor. Tú no te conformabas con gastar tu existencia en llenar de caprichos al niño, ahorrar para llevarle a Euro Disney y esperar las vacaciones viviendo los días cada uno igual al anterior, sin disfrutar de lo pequeño, de lo sencillo, de vuestro amor, de las sorpresas cotidianas de la vida y de llenarla de detalles del uno hacia el otro, para hacer crecer vuestro amor y fortalecer vuestra relación.

Has de reconocer que creíste que le ibas a cambiar, que lo que él no valoraba en el noviazgo, acabaría eligiéndolo, al vivir la vida contigo… y no fue así. El no necesitaba la dosis de ilusión y novedad que tú le echas a la vida diaria. A él le bastaba con vivir en blanco y negro, sin utilizar el resto de pinturas con que Dios le dotó al llegar a este mundo, para vivir una vida de colores. Y tú pusiste color a su vida mucho tiempo… y su seriedad llegó a robarte tus colores y enfermaste de depresión varias veces, aunque nos lo quisiste disimular a todos. Y es que no sé qué demonio pasa en el noviazgo, que uno tiene una miopía total, ve las cosas como las quiere ver, en vez de cómo son, y está convencido de que luego conseguirá cambiar al otro.

A él le volvías loco con tus coloridos, le entusiasmabas la vida, se la iluminabas… pero al mismo tiempo no lo podía soportar y te rechazaba tanto como te admiraba, le gustabas tanto como le invadías, le producías envidia, rabia y humor al mismo tiempo. El caso es que todos nos emparejamos buscando en el otro lo distinto, lo opuesto, lo complementario y luego, nada más casarnos, queremos cambiarles porque, aquello por lo que les hemos elegido, lo que nos hacía gracia, nos incomoda, nos irrita, nos aleja y nos rompe el amor. Hay motivos que son pequeños y superables. Los vuestros son graves e insalvables. Lo sé por la de veces que has pedido consejo, asesoramiento, apoyo a expertos y acompañamiento en la conciliación.

 

Como dice Antoine Filissiadis en el libro “Persigue tus sueños”, la mayoría de las personas vive la vida como un autómata, ignorando que vivir es un arte, que tenemos que ir inventando. Nos pasamos la vida intentando, al precio que sea, respetar las consignas acordadas. Y si el juego no nos hace felices, pues sufrimos y, en un tono fatalista, exclamamos: ¡es la vida! Y no es verdad. La vida no es para sufrir. ¡Somos artistas! Nuestra historia es una obra de arte. ¿Por qué vivirla en blanco y negro? ¡Podemos pintarla de colores añadiendo un toque de alegría, un reflejo de placer, un abanico de felicidad!

¡Tú has sido una valiente, la verdad! Te has currado la pareja y después te has trabajado mucho el romper sin causar dolor, intentando que hubiera poca sangre, poco desgarro emocional para los tres… pero no lo has conseguido. Me consta que una y otra vez te preguntas si te habrás equivocado, que si habría sido más fácil rendirte y conformarte con una vida gris, rutinaria y mediocre, antes que montar esta guerra dolorosa en la que él ha querido acabar. Tú eres una persona buena, buenísima diría yo. Y los demás te acusan de no haberte sabido “santificar con el hombre que Dios puso en tu vida”. Y esa crítica sé que te hace daño, que te cuestiona, que te duele en el alma porque es lo primero que te planteaste, lo que luchaste durante años, antes de dar el paso.

Como ya te he dicho muchas veces, una vez más os pongo a los tres ante el Señor, pidiéndole que os haga sentir su compañía y su impulso y a ti, especialmente, que te de mucha fuerza para vivir este tiempo doloroso, de rechazo familiar, de tensión al inventar esta nueva manera de vivir, de pactar los ratos del niño, de utilizar las matemáticas para programar las vacaciones, de sentirte fiscalizada, acusada, casi psicológicamente apedreada, como la adúltera del evangelio, porque no entienden tu separación no habiendo malos tratos, ni infidelidad, ni otra causa grave, simplemente por sentirte empujada a vivir como una mujer bonsái, una vida pobre, sosa, gris, rutinaria, anodina y sin ilusión. Eso la mayoría de la gente lo considera “pecata minuta” y no lo encuentra motivo para romper un matrimonio e intentar reiniciar una nueva vida de colores, sola o con alguien que como tú, sueñe con disfrutar del arcoiris de la vida.

Me imagino a Jesús a tu lado diciéndote, yo tampoco te condeno, vete en paz… y vive, y sé libre por dentro, porque ninguna de esas piedras que te tiran es justa ni pensada, sólo es un hábito social de juzgar a los otros con una ligereza nada fraterna, nada comprensiva ni compasiva. Sigue adelante, hija mía, que yo he soñado para ti, y para tu hijo, la Vida en Abundancia, que vivas divinamente, que vengas a mí cuando estés cansada y agobiada, que yo te aliviaré y empléate en el afán de cada día, siendo pobre, sencilla, trabajando por la justicia y por la paz y dejando este mundo mejor de cómo lo encontraste al llegar.

A ver si conseguimos que este duelo dure poco y sientas el impulso de Dios a vivir, día a día, a poquitos, una vida bonita, sin culpa, sin tener que agradar a todos, fallando a lo que se esperaba de ti, “oficialmente”… y construyendo tu vida, esa gran obra de arte que has empezado en contra de los que te quieren uniformar y meter por el carril oficial…Sabes que me tienes, para lo que quieras… ¡te quiero tanto!

Un abrazo Mari Patxi

Revista Humanizar

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