Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

Celebrad la vida

Queridos nietos: hoy os voy a contar la suerte que habéis tenido de nacer en una familia tan folklórica y festiva. Enseguida nos apuntamos a cualquier juerga o evento, que es como los llaman ahora. Yo estoy convencida de que la vida es una fiesta y Dios nos ha puesto en ella para celebrarla y para ayudar a que otros la puedan disfrutar también. Y Jesús decía que cuando dos o más estamos reunidos en su nombre, El está en medio de nosotros y es porque en cuanto nos unimos varios surge su espíritu, esa “vidilla” que nos damos unos a otros, esas risas que nos contagiamos, o ese dolor que superamos.

Si tuviera que elegir una canción que nos representara como familia sería esa, que me encanta, de CELEBRA LA VIDA, que, aparte de un ritmo agradable tiene un mensaje que no tiene desperdicio. Anima a despertar, a ser libre, a ayudar a la gente, a luchar con paciencia por lo que queremos, llevando poca carga y sin aferrarse a nada, porque en este mundo nada es para siempre y es mejor brindar lo que tenemos, y lo que somos, que guardarlo sin que lo aprovechen… Dice preciosamente “búscate una estrella que sea tu guía…” Perdón, que casi copio la canción entera, pero es que me fascina y, además me coincide completamente con nuestros planteamientos de vida, y con esa estrella que seguimos todos que es Jesús, que nos invita igual a repartir alegría, a ir ligeros de equipaje, a vivir desprendidos y a dejar en la tierra nuestra mejor semilla. Este mes me habría gustado que mi carta llevara un CD incluido con la canción.

Cada cumpleaños, santo, boda, nacimiento, sacramento, Navidad, comienzo de temporada, o logro de alguno de la familia, nos hace disfrutar y sacar los sentimientos a pasear. ¡Por que mira que nos reímos juntos!… y eso que no nos faltan los problemas, pero sabemos echarle una carcajada al final, que lo suaviza y lo hace digerible. Cuando brindábamos el otro día porque los marcadores de la enfermedad del tío habían subido un poco menos que el trimestre pasado, me daba yo cuenta de lo positivos que somos.

Anoche, en el funeral de nuestra amiga Toñi, que pasó a los brazos de Dios cuando estaba con su marido en un viaje loco, me daba cuenta de lo importante que es la amistad para poder celebrar juntos la vida de una persona. Me gustaba ver a vecinos, comerciantes, compañeros de trabajos, coles, scouts y grupos varios. Me daba cuenta de que estábamos celebrando una vida aprovechada y disfrutada, poniéndole el lazo al regalo que ha sido esta mujer para todo el que se rozase con ella. Era una fiesta andante, una carcajada, una caricia, un detalle… Y creemos firmemente que estará disfrutando de la plenitud, en la casa del Padre.

Mirad, en toda vida hay dificultades y gozos, penas y alegrías, pero es muy importante cómo nos las tomamos. Dicen los expertos en inteligencia emocional que el diez por ciento de lo que sentimos es por lo que nos ocurre, pero el noventa por ciento restante es de nuestro sufrimiento, o de nuestro ánimo, lo provoca lo que nos decimos por lo que está ocurriendo. Y es verdad que somos lo que pensamos, lo que nuestra mente crea, magnifica, minimiza, dramatiza o permite que ocurra. Si sufrimos por no dejar que lo que pasa, pase, pues está claro que el secreto de la felicidad, o del vivir a gusto, tiene que ver con la aceptación serena de lo que ocurre. Si tengo un fuerte dolor de muelas y me encabrito por dentro, me enfurezco y me quejo constantemente, eso me impedirá vivir el día normalmente, porque el dolor me resta interés, ilusión y capacidad de trabajo y de comunicación. Pero si lo acepto, pongo los medios adecuados para reducirlo, pero no permito que sea el centro de mi mente el dolor, ni le dejo que se haga el señor de mi vida, sino que lo margino y pongo mi atención en lo que estoy viviendo, el dolor irá disminuyendo o le iré ganando poco a poco la partida, hasta que se me pase o se reduzca. Claro que si persiste, tendré que ir al dentista cuanto antes, pero la lucha con el dolor es una tarea importante en la que hay que intentar salir victorioso, para que no nos gane la atención y nos desgaste emocionalmente.

Todos conocemos gente quejita, a la que siempre le duele algo o le pasan cosas malas. Esas personas que se autocompadecen, son como pequeños ladrones de la felicidad de los de alrededor. Roban energía, agotan y ellos siguen tan satisfechos porque siguen mal, pero no quieren que se les pase. Y esto ocurre con la enfermedad, con las penas o con las dificultades. Hay gente que ha nacido para sufrir, para tener dificultades y regodearse en ellas, para que todo y todos le salgan mal; esa gente se siente mal en las celebraciones alegres, porque viven con el temor de que, cuando todo parece que va bien, es que va a llegar algo malo. Otras personas, en cambio, cuentan con alegría lo que les va bien y minimizan las desgracias o dificultades de la vida. Con esto que explico no quiero decir que personas que están en dificultades extremas, no tengamos que volcarnos en ayudarles y facilitarles la vida todo lo que podamos. Es más, creo que cuando uno gasta parte de su vida en facilitar la vida a otros, en entregar su tiempo para mejorar el de los demás, su vida se llena de sentido, de misión y de compasión, sintiendo la alegría profunda que ayuda a estar todavía mejor consigo mismo y a que todo lo negativo suyo lo lleve mejor, porque se asoma a otras realidades.

Dentro de unos días, en mi familia, celebraremos la Feria de la Tapa. Nos juntamos hermanos, hijos y nietos y en esta celebración tan aparatosa, en la que concursamos con los pinchos más divertidos, ingeniosos y ricos. Nos reímos un montón, aunque el primer premio es horrible y nadie lo quiere, también llevamos premios para entregar por la creatividad, la celiaquía, la exquisitez, la originalidad y todo lo que se nos ocurre. Todos somos jurado y concursantes, hacemos trampas, nos reímos… Hasta hay campañas turbias buscando el voto y andamos todos con la ilusión previa de inventar la super-tapa. El año pasado ganaron unas piruletas de queso, servidas cual flores en un jarrón. También se llevaron premio unos pinchos sanfermineros, de una navarrica, muy elaborados con pimientos con morcilla y no sé qué mas, simulando el toro y el torero. Había que echarle imaginación para acertarlo y para crearlos, pero pasamos una tarde estupenda y andamos todo el año preparando la fiesta.

La celebración y la fiesta ayudan a sacar a pasear al niño que llevamos dentro. Y nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz, es decir, que siempre estamos a tiempo de mejorar nuestra capacidad de jugar, festejar y gozar. El otro día en una reunión de catequesis a padres e hijos, los niños pedían a los padres que no fueran tan serios y que jugaran más, ya que siempre estaban ocupados o preocupados. Ahora se va perdiendo la celebración del domingo y los vamos a acabar convirtiendo en días normales. El domingo es un día en el que se celebra que somos hijos de Dios, que tenemos tiempo para estar en familia sin prisa, para juntarnos en la cama padres e hijos, para perder el tiempo no haciendo nada, o jugando a gozar de las pequeñas cosas o celebrando la maravilla de la naturaleza, de los amigos, de cocinar juntos, a dar un paseico con un hijo y hablar con él en privado, hacer una actividad conjunta y alguna en la que se dedique a un hijo la dedicación especial que necesite según su edad. Pero celebrar el ir al cine, no lo convirtáis en rutina, celebrar el hacer juntos unas pastitas, pero sin dejar que el “zafarrancho doméstico” rompa la fiesta familiar, que luego se recoge todo en un voleo y lo que se ha logrado ha sido especial e importante.

Celebrad el primer diente que se pierde, el estreno de cole, el aniversario del noviazgo, de la muerte del abuelo, de lo mayor que se está haciendo el hijo que se ha hecho la cama, el que los niños pongan la mesa, aunque se les rompa un plato (¿no vale el niño mucho más que el ajuar?), los éxitos escolares y laborales, los momentos religiosos importantes y los tiempos litúrgicos… Celebrad la vida porque es un gran regalo al que solo tenemos que poner el lazo cada día o en cada situación. Acostumbrad a la familia a caer en la cuenta de todo lo que tenemos que celebrar; id educando en la contemplación, en la profundidad de vivir la vida con intensidad, con consciencia y en clave de agradecimiento.

Cuando montamos una meriendita con excursión, con los cuatro chinos de la tienda de enfrente y otros niños que se añaden, les regalamos una celebración de la vida por que sí, por querernos, por ser amigos, por disfrutar juntos. En mi escalera hacemos fiestas de vecinos y cada uno bajamos al portal algo de comer, de beber o de sentarse y compartimos las viandas, charlamos y nos queremos y, siempre que terminamos de cenar se propone que no se tarde mucho en volver a celebrar otra fiesta. Y estos encuentros nos acercan unos a otros, liman tensiones, facilitan relaciones, ayudan a olvidar pequeñas rencillas y nos dejan el corazón más vecinal, más cercano, para encontrarnos en el día a día y para ayudarnos a vivir, que llevamos 43 años viviendo en la misma casa.

Los cristianos tenemos muchas celebraciones y es importante vivirlas con pasión y elegir las que sean más de tu estilo y te dejen el alma más en Dios, más amorosa y más feliz. Porque hay algunas celebraciones que son grises y repetitivas y no te cambian nada el corazón. Somos responsables de buscar para nosotros y para los nuestros aquellos espacios que te fortalezcan la fe, ilusionen con Jesús y te sientas comunidad, para juntos construir el reino de Dios, que eso sí que es la gran celebración que llegará el día que todos nos tratemos como hermanos.

Bueno, chicos, que brindo porque sois mi gente y me ayudáis a celebrar la vida. Os quiero mucho Mari Patxi.

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