Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

MI NIETA ¿ENREDADA?…

Querida nieta: Me encanta ver cuánto disfrutas leyendo. Te comes los libros y te da igual que sean gordísimos o flacos. Nada te impide disfrutarlos y admiro que te organices para sacar adelante el curso, jugar al baloncesto, ir a tu grupo de postcomunión y tener esta habilidad de practicar la lectura rápida, que es un tesoro. Sobre todo, ahora que estamos en la era de la imagen, hay muchos niños y jóvenes a los que los libros se les caen de las manos, porque les es mucho más fácil ver una película pasivamente, jugar con una maquinita y vivir historias de otros sin añadirle nada de fantasía, porque la imagen se lo da todo hecho.

 Para mí los libros han sido unos buenos compañeros de camino, me han enriquecido la soledad, me han divertido, me han formado, me han potenciado la fantasía y los sueños, me han removido, me han hecho vivir experiencias espirituales, me han presentado otras formas de vida y otras realidades apasionantes. Pertenezco a una generación a la que nos marcaron los libros clásicos, los de formación y hasta los tebeos, que los intercambiábamos con los amigos o en tiendas especializadas en ello. También los libros nos servían de caja de los tesoros y guardábamos en ellos una carta, una estampa, un billete, una foto o un recorte especial. Creo que leer es uno de los grandes placeres de la vida y pienso muchas veces que, si tuviera dificultad de visión, enseguida comenzaría a aprender el idioma braille para no perderme los libros y agradezco mucho a la gente que se molesta en hacer audiolibros, para que todo el mundo pueda tener acceso a ellos.

 Recuerdo que en mi casa todas las paredes estaban siempre llenas de libros. Mi madre era la bibliotecaria de mi pueblo y se leía ilusionada todo lo que se publicaba, para hacer la ficha de todo libro que llegaba por correo. Mi padre encuadernaba, forraba, mimaba los libros también. Y el uso más curioso que se les daba a los libros en mi familia era que nos ponían, a los cinco hijos, un libro pequeño bajo cada brazo, para que aprendiéramos a comer sin “extender las alas”, con los brazos pegados al cuerpo. Cuando se caía un libro nos descontaban algo de la paga. Y en esta vida tan cercana a los libros, que he tenido desde siempre, jamás pensé que llegaría a publicar más de una veintena de ellos y a disfrutar tanto escribiéndolos.

 No quiero dejar de lado el problema de la gente que no lee, que es mucha, y de la que sólo practica la lectura con los últimos best-sellers de temporada, que no alimentan demasiado el pensamiento, no hacen reflexionar, ni transmiten valores constructores de positividad porque se mueven entre niños magos, vampiros mágico-románticos, ciencia ficción eclesial antigua y descarnados desamores tortuoso-policiacos de la incendiaria amiga de la cerilla y la gasolina…

 Bueno, pero de lo que quería hablar es de tu regalo de reyes, María, de ese libro electrónico, o  e-book, que te han regalado, por economía decís, para evitar tantos viajes a la biblioteca y tanto gasto en libros, que no son nada baratos. Te veo tan contenta con este chisme, que parece una agenda, y en el que llevas un montón de títulos en un mínimo espacio. La verdad es que es un gran invento, que en la cama no pesa; que evita que se te duerman los brazos, cuando la lectura está interesante y no la puedes dejar; que en un mismo “minilibro” llevas todo lo que estás leyendo últimamente. Yo también soy de las que leo a la vez una novela, otro de formación, otro sociológico, otro místico y, a veces otro erótico, y llevarlos todos en el mismo envase tiene que ser muy cómodo.

 Pero yo me pregunto: ¿Se nos olvidará el papel? ¿Perderemos el placer de pasar la página? ¿No recordaremos cómo huelen los libros? Ya no podremos pasarnos el libro de unos a otros y terminarlo con ilusión para prestárselo a alguien. ¿Ya no nos podremos regalar libros? ¿No se pueden subrayar? ¿No podremos disfrutar de la textura, tamaño y letra de algunos de ellos? ¿Mis nietos ya no querrán que les regalemos cuentos? ¿Mis biznietos posiblemente ni los conocerán? Les regalaremos una memoria electrónica con toda la colección de los cuentos de los Hermanos Green, más la de Erase una vez el hombre, más todos los capítulos de Heidi, más… Uffff ¡qué pena siento! Esta nostalgia bibliográfica nunca la había temido, pero me esta atacando fuerte…

 Por cierto, hoy me ha llegado un chiste que dice que va uno al médico preocupado y lecuenta “mire, doctor, que apenas duermo, me río solo, no miro a nadie, no hablo con la gente, me hablan y no presto atención… parezco un zombi autista… ¿Qué cree que tengo, doctor?

Pues mire, puede tener una o varias de estas tres cosas: un iPhone, un iPad o un eBook.”

 Me contaba tu hermano David que, en su clase todos los niños, menos él, están enredados, en twiter, falseando sus 9 años, ya que se requieren 14 para acceder a las redes sociales, donde coleccionan un montón de amigos. Aunque en la relación sean tímidos o tengan pocas habilidades sociales, en el anonimato de la red se crecen y cuentan fantasías que otros acogen y fomentan, para mal de los niños que juegan con estas cosas tan peligrosas. Los padres creen que poner un ordenador en la habitación del hijo es darle lo mejor y desconocen el peligro que tienen de aislarse, incomunicarse con la familia, distraerse del estudio y establecer relaciones extrañas por ahí. Es algo que está a la vuelta de la esquina. Pero la técnica, la comunicación en red, es una nueva realidad que nos puede unir o aislar, según sepamos tener las tecnologías a nuestro servicio o sean ellas las que controlen nuestra vida. También hay que poner cuidado en que no se abra una brecha digital que excluya a los mayores, que pueden creer que todo este mundo les viene grande, sino que se nos incluya, se nos facilite el conocimiento y el acceso a esta tan apasionante como enloquecedora realidad.

 Y es que la tecnología ha cambiado nuestra manera de estar en el mundo. Dicen que vivimos en una sociedad líquida, que venimos de una sólida en la que todos vivíamos de forma parecida, hombre y mujer tenían los roles bien definidos, uno fuera del hogar y otra dentro, se volvía a casa a las diez, el respeto a los padres y profesores era incuestionable y se tenían las mismas costumbres y prácticas en relaciones humanas, amores, vida familiar vida espiritual y vida social. En cambio, todo aquello tan sólido, tan igual, que nos uniformaba a todos y era “lo normal”, ha dejado paso a la sociedad líquida, en la que todo está en constante cambio. Ya no hay dos familias iguales, en cada casa el respeto se vive de una forma, los horarios son tan flexibles que apenas se encuentran los familiares, o comen viendo la televisión, por lo que saben más de la vida de sus ídolos que del hermano, o el hijo que tienen al lado, y las parejas de ayer han dejado paso a las formada por chica separada, juntada con casado que quizás interrumpa su otra relación, con niños incorporados que, sumados a los propios incrementan la mesa dominical a la que no pueden acudir parte de los nietos porque les toca pasar este “finde” con su padre…Todo está en constante cambio, todo se nos escapa de las manos y para saber vivir estos tiempos líquidos, hacen falta seres muy sólidos, que cultiven su pensamiento, que tengan claras sus ideas, que tengan valores adaptables a los nuevos tiempos pero que salven lo esencial del ser humano, de su familia y de su ser persona en plenitud, honesta e íntegramente..

 Ocurre muchas veces que no sabemos dar razones de nuestras creencias o de nuestros comportamientos. Incluso, a veces, si no gustan nuestros valores, “sacamos otros” en los que apoyarnos, para mantener nuestras posturas. Estamos invadidos por discursos, opiniones, información y espectáculo constante, imposible de asimilar, que nos dispersa, atiborra, agota y confunde. Dicen los sociólogos que un ejemplar de un periódico dominical contiene más información que la que una persona culta, del siglo XIX, consumía durante toda su vida.

 Yo, a mis 65 años, estoy encantada del progreso, la globalización, la comunicación en red, las posibilidades que me da este chisme, en el que estoy escribiendo el artículo que acaban de pedirme para la próxima revista, que enviaré inmediatamente a mi super-ilustradora y a la redacción, sin moverme de casa. Pero quiero estar atenta para servirme de la tecnología para universalizar mi corazón y mis relaciones, sin esconderme en una burbuja que entretiene, distrae, relaciona en la distancia y puede alejarme de los que están al lado. Hasta la próxima,                                                                                                                  Mari Patxi

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