Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

DESPERTAR ESPIRITUAL DEL NIÑO

Despertar espiritualTodos los padres queremos dar lo mejor a nuestros hijos y nuestro sueño es ayudar a que se cumplan, a que sean felices, a que su existencia transcurra gozosa y sana. Para ello elegimos la alimentación adecuada, el horario oportuno, los espacios más entretenidos y el mejor centro educativo, dentro de nuestras posibilidades. Incluso el tener un hijo nos hace a los padres ser mejores personas, pues cuidamos nuestras expresiones y nuestros actos, porque deseamos transmitirles valores solidarios, ecológicos y sociales y sabemos que ellos no aprenden de nuestros discursos sino de nuestros comportamientos. Así que la época de madre y padre es tiempo de crecimiento personal y de purificación de valores y conductas, pues uno nota que el hijo mira de reojo a ver cómo actuamos, así que la mayoría intentamos enseñar a nuestros hijos a ser “buena gente”.

 Uno de los dilemas que se suelen plantear muchos padres es si dar o no formación religiosa a su hijo. Dependiendo de su vivencia de fe de niñez y juventud, pueden sentirse inclinados a transmitirle su fe como tesoro, a negársela, a dejar que elija más adelante, o a llevarle a un colegio religioso, porque, consideran que “mal no le hace”… Esta decisión es importante. Porque el niño, ese ser humano que llega a nuestras manos “como página en blanco” y que tenemos tanto que ver en lo que en ella se escriba, tiene una parcela FÍSICA, que los padres tratamos de cuidar con caricias, alimento, descanso, higiene, belleza y ejercicio. Tiene otro factor que es el SOCIAL, que nos ocupamos de desarrollar, enseñándole a tratar a la gente, comunicarse, relacionarse con calidez y espontaneidad, defender sus opiniones y a vivir en relación, resolviendo conflictos, aprendiendo a perdonar y a superar las dificultades. Otra parcela es la MENTAL, que nutrimos con información y formación, desde el momento que nace, hasta que se hace mayor de edad, respondiendo a sus porqués y eligiendo para él la educación oportuna. Y por último está la parte ESPIRITUAL, que posee todo ser humano y que está en sus adentros, que es su música interior, su proyecto personal, que irá definiendo, y su interioridad en la que, desde muy niño, puede aprender a encontrarse consigo mismo.

 Temo yo que los míos padezcan esa enfermedad de este siglo de no saber estar a solas, en silencio, sin recurrir a ruidos como la tele, el móvil, el walkman o un libro, y eso nos impide encontrar la armonía interior y el equilibrio personal. Por eso, cuando me prestan a mis nietos, procuro hacerles valorar, a ratitos, el silencio y la soledad y transmitirles como un tesoro el pensar, el escuchar a su corazón, o el sentir a Dios dentro de sí mismos. Sus padres lo hacen mucho mejor que yo, y cada día, convencidos de que les están aportando salud mental. Y cuando ese silencio se les llena de presencia, se les explica que hay Alguien, ahí adentro, un padre que nos quiere, desde el principio de los tiempos, que tiene para nosotros grandes sueños de felicidad y plenitud, le estamos enseñando a sacar del fondo de su corazón lo mejor de sí mismo y a encontrar en sí salud, equilibrio y armonía.

 Cuando surgen los miedos normales de los niños, a mí me gusta mucho recordarles que son personas habitadas, que están en manos de Dios, que nos quiere a todos, que nos cuida y que nos invita a querernos entre nosotros y a tratarnos como hermanos. Eso da al niño fortaleza interior y le llena la vida de sentido y de misión. Si además, cuando se va a acostar, se reza con él un ratito, presentándole una religión liberadora, no rutinaria ni sinsentido, sino una experiencia con contenido, como es rezar el “Jesusito de mi vida”, que en definitiva quiere decir que el niño se pone en manos de Dios y se queda tranquilito; se va dando gracias con él por los pequeños detalles del día, se le enseña a pedir por los familiares, amigos y necesitados, se le va haciendo un corazón contemplativo y universal. Luego habrá que ir adaptando esta comunicación infantil a otras edades y otras experiencias más adultas, de saberse habitado e impulsado a sacar lo mejor de su persona, para su felicidad y la de los demás, que es en definitiva el gran sueño que Dios tiene para todos los seres humanos de la tierra. Es curiosa la vena mística que brota de los niños, si se les potencia la espiritualidad, pues son más auténticos y profundos que los adultos.

 He de reconocer que mucha gente ha infantilizado la religión católica, quedándose en oraciones de niños o en ritos vacíos, sin evolucionar, como poner perejil, dinero o una cinta a una imagen, que tienen más de magia y tradición que de encuentro personal con Dios, transformación personal y compromiso con el mundo. El cristianismo realmente es un conjunto de seguridades y una manera concreta de vivir. Es saberse amado por Dios Padre, que nos hace hermanos de todos los hombres, que nos ha soñado a todos felices y plenos, que nos invita a cada uno a la vida en abundancia y a no descansar hasta que consigamos que todos la tengamos. Así la religión será un dinamizador que se irá acoplando a las edades de las personas, hasta acabar en la vivencia serena de la enfermedad y de la muerte en un encuentro gozoso en la mesa camilla de Dios Padre.

 Despertar EspiritualNo puedo prescindir de mi condición de cristiana, pero tengo amigos de distintas creencias, como budistas, evangelistas y ateos, que llaman a Dios con otro nombre, pero tienen los mismos sueños que yo de vivir la vida plena y trabajar para construir un mundo más justo y más humano. Por eso recuerdo un cuento, que me gusta mucho, y que dice que se muere un señor y llega a la otra vida y, tras hacerle un gran recibimiento, le preguntan en qué Dios creía. El contesta que en Buda, le dan la bienvenida a la sala 58, la de la armonía y la serenidad, y le piden ponga cuidado en no hacer ruido al pasar por la sala 8. Llega otra señora evangelista y, tras una calurosa acogida, le invitan a pasar a la sala 50, rogándole silencio al pasar por la 8. Al rato llega un señor, al que saludan efusivamente, que dice ser judío, por lo que le envían con mucha ilusión a la sala de las luces, la 43, rogándole guardara silencio al pasar por la sala 8. Así va llegando gente de toda creencia y condición, hasta que aparece un joven “macarrilla”, con sus piercings y monopatín, y al preguntarle por su fe, responde airado que “sus viejos” eran unos creyentes pesadísimos, de mucho rezo y golpe de pecho, pero que explotaban a la sirvienta, porque era inmigrante, y a los trabajadores; no compartían nada y estaban enfadados con media humanidad, por lo que él había decidido ser ateo total, para no parecerse a ellos. Entonces, el que le recibía, le saludó cariñosamente y le invitó a pasar a la sala 20, pero sin hacer ruido al pasar por la 8. El chico preguntó curioso, qué ocurría en dicha sala y le contestaron: “es que están los cristianos y creen que son los únicos que han llegado”…

 Cuento este relato porque estoy convencida de que a Dios le dará igual cómo le hayamos llamado en la vida, lo importante es que la relación con El nos haya servido para nuestro desarrollo integral, ser más felices y libres y para hacer más felices a los demás, si no, la fe no habrá tenido ningún sentido. Y El, que nos quiere desde el principio de los tiempos, nos tendrá preparado un espacio donde cabremos todos… hayamos vivido como hayamos podido.

 Recuerdo una noche que mi nieta al acostarse rezó: “Perdona, Dios que me haiga enfadado con la abuela…” Yo también pedí perdón por las veces que me enfado, recordándole cuánto le gusta a Dios que nos duren poquito los enfados y cómo nos perdona siempre (algo importante para su salud mental). Luego dijo la niña: “Ahora le damos gracias por todo lo bonito del día, nos dormimos y le hablamos a Dios con el corazón” (agradecida y segura de que está en su corazón y de que sobran las palabras con El).Cuando los niños dan gracias por los pequeños detalles del día se vuelven contemplativos e intensos en su vivir. Bendecir la mesa es una forma de ser agradecido y de abrir el corazón a otras personas y realidades. Participar en una eucaristía adecuada a su edad, es la mejor forma de contagiarse la pasión por vivir como Jesús, por la vida y por los otros, así irá llenando su historia de sentido y de misión, perderá miedos y se sentirá apoyado y seguro, porque sabrá en quién se ha fiado.

 Es esencial que los educadores les presentemos al Dios del amor, el que quiere que vivamos contentos, el que nunca se disgusta con nosotros, porque siempre nos está esperando, el que saca lo más bonito de cada uno, lo que aún no hemos descubierto, y el Amigo que se queda cuando todos se van. Y luego enseñarle a tratar con Dios como se habla con un amigo, con naturalidad y cercanía, sin ortopedias, sin ritos fríos, para que disfruten del Dios de la liberación, de la fiesta y del amor.

 Yo, madre y abuela, si tuviera que elegir una sola cosa que dejar a mis hijos o a mis nietos, quisiera que se supieran hijos de Dios, pues en El estaría la fuente de su seguridad, el impulso para ser personas felices y constructoras de un mundo más humano y más justo. Y como para mí esto es el mejor tesoro que tengo en la vida, lo que me sana y me dinamiza, porque experimento que Dios es salud para la historia personal, comparto con los míos lo que Dios va haciendo en mi vida, lo que me sana una oración, lo que me ayuda a superar una crisis… y se lo procuro contar también con cuentos, con una baraja que he hecho para bendecir la mesa, con unas cartitas con trozos de salmos o de evangelio, con un librito de oraciones mensual para mi nieta de seis años, con pocas palabras y mucho contagio de la experiencia de Dios, que es lo que a mí me llena la vida de entusiasmo desbordante, de salud mental y de compromiso con el mundo. (Revista MÍA).

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