Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

ASUSTA EL SILENCIO

ASUSTA EL SILENCIO

También la familia está tocada del cambio de valores de la sociedad. Vivimos tiempo de poco silencio, asusta la espiritualidad y andamos siempre en la superficialidad de las cosas y de las relaciones. Se reflexiona poco, se vive el presente para disfrutarlo y también se vive mucho para tener, en vez de ser. Los nuevos ídolos como el trabajo, el dinero y el éxito han apagado esa necesidad del ser humano de construir la propia historia personal y eso nos distrae también del encuentro sosegado con Dios. Se dejan las cosas religiosas para momentos puntuales en los que la gente celebra una boda, asiste a un bautizo o a un funeral y luego comenta la celebración o la liturgia de la misma manera que se puede comentar la película al salir del cine.

Todos andamos buscando la felicidad, vivimos en proceso, nos estamos haciendo día a día. Tratamos de encontrarnos en el éxito, el conocimiento, los amigos, las sensaciones, los placeres o los sueños. Y así nos convertimos en extraños para nosotros mismos, huyendo de nuestra interioridad y así jamás podemos percibir ese fenómeno que ocurre en las personas que es el vivir en presencia de Dios, porque nos colocamos de espaldas. El está siempre presente en todos los seres humanos, El es el verdadero fondo del yo de cada persona y también el auténtico fondo de todo lo que ocurre.

Si sabes abrirte al silencio, acabas por recibir una respuesta. Esta sobreviene como un estado interior distinto al que tienes habitualmente. Se trata de una alegría interior, una paz profunda y una gran libertad que te hace sentir que hay Alguien que acompaña tu vida.

Necesitamos espacios para compartir nuestros proyectos personales y juntos celebrar lo cotidiano y lo especial…..poner un ejemplo. Hay que buscar momentos de familia, fechas especiales, crear hábitos o tradiciones de ocio, espirituales o solidarias. Contar las dudas y tentaciones que se tienen de abandonar el propio proyecto personal y las ofertas seductoras que se reciben. La familia se fortalece y hace bloque común, al compartir los mismos valores y estilo de vida. L as alegrías y las dificultades que conlleva la vida de toda persona se hacen más fáciles compartidas y celebradas, es decir, contando con la presencia de Dios en nosotros en los buenos y malos momentos.

Ahí es donde yo creo que hay que utilizar toda la capacidad pastoral creativa, cercana y contagiosa, para aprovechar esa asistencia social a una celebración o la preparación de una liturgia para entusiasmar con la vivencia de Dios, para ofrecerla como proyecto de liberación ilusionante que les ayude a borrar imágenes caducas y renovar su encuentro con el Señor o el deseo de buscarle.

Desgraciadamente suele ocurrir todo lo contrario. Esas celebraciones multitudinarias, la mayoría funerales o bodas, suelen ser un poco light, poco expresivas y muy rutinarias. Así dejamos a los que en su día se borraron con la misma sensación que traían de que las cosas de Dios y la vida van por distintos caminos. Se tenía que hablar menos de grandes conceptos y más de las pequeñas cosas que hay que vivir, en nuestro entorno familiar, laboral y social. Habría que ofrecer los valores liberadores del evangelio, envueltos en calidez y no en gritos, reproches o latinajos prepotentes.

Un amigo mío, quejoso tras una liturgia rutinaria y una homilía desalentadora por la condena a todo nuestro estilo de vivir y el daño que estamos haciendo a Cristo, con nuestro abandono, decía que lo de ese cura había sido una “falta de profesionalidad”. En cualquier empresa le habrían llamado la atención por desaprovechar esa reunión masiva para dejar en mal lugar lo que se quiere ofrecer y alejar a los que se quiere acercar. En todo trabajo hay que reciclarse y estar al día y hay sacerdotes y formadores que siguen hablando y enseñando de igual manera y con las mismas técnicas de hace treinta años. Y las maneras, no las ideas ni el fondo, han cambiado mucho.

Estoy siendo un poco dura en estos comentarios. He asistido a celebraciones vivas, cálidas, proféticas, que han tocado el corazón de los alejados, que quizás sólo venían por cumplir. Aplaudo a tanta gente que se toma mucho interés en preparar la celebración y los símbolos que faciliten la participación, que presentan a un Dios cercano y liberador. Creo que el reclamo de los jóvenes va por ahí.

Hemos de actualizarnos en estos tiempos que corren y saber utilizar los avances de la técnica y los medios de comunicación de forma agradable y atrayente. Y como los hijos de las tinieblas son más sagaces que los de la luz, a la hora de utilizar los medios de comunicación, hemos de ser profetas del siglo XXI e inventar formas nuevas de anunciar, celebrar compartir la experiencia de Dios que llena de sentido al que la vive.

Hay que responder a la pregunta que se hace todo ser humano de quién es Dios, ya que mucha gente anda perdida por otros caminos. Y, por aquello de que cuando uno deja de creer en Dios cree en todos los sucedáneos, nos encontramos con hogares en los que conviven adornos religiosos con amuletos, fetiches y todo tipo de efectos especiales que se venden en tiendas esotéricas y que, aunque nada tienen que ver con la fe en Jesús de Nazaret, lo utilizan “por si acaso”…

Algunas personas manifiestan su fe concreta en una imagen, poniéndose una cintita que se ata en la muñeca y que no se deberá quitar, hasta que se desprenda por sí misma, ya de vieja. El color de la cinta tiene que ver con la petición que se haga a quien se venera.

También es frecuente la presencia de un San Pancracio presidiendo los negocios o en el salón familiar, al que se le adorna con perejil, ya que dicen que da suerte para tener una economía boyante. No necesariamente son creyentes los que hacen estas demostraciones, pero volvemos al por si acaso.

No es que se me haya escapado el tema de que es la familia quien transmite la fe, sino que estoy dando marcha a atrás para ver quién forma a esa familia, quién le aporta recursos para que lo haga bien, quién le ayuda a hacerse adulto, a vivir una fe viva

Mari Patxi

Seguir leyendo -> La familia, lugar de transmisión de la fe: La familia, primera comunidad creyente.

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