Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

HACIA UNA NUEVA DIACONÍA: Desarrollo físico, mental, social y espiritual.

Desarrollo físico, mental, social y espiritual.

 Desarrollo físico, social, mental y espiritualEl ser humano nace físicamente pequeño y se va haciendo en el transcurrir de los años. Después llega a la plenitud y comienza a deteriorarse poco a poco. La mayoría de los mayores tienen alguna deficiencia corporal o pérdida de sentidos y capacidades. Es importante saber acompañar este deterioro para que las personas aprendan a vivirlo con naturalidad, sin complejos, sin instalarse en la nostalgia del ayer de su salud o su perfección. Que se les ayude a llevar con humor las goteras y deterioros que la vida normal acarrea porque llevadas de forma optimista pesan mucho menos y no dificultan tanto la vida de la persona que las sufre y de los de alrededor. Los mayores que se saben invitados a la plenitud, y los que tienen relación profunda con Dios se sienten más impulsados a vivir la vida en abundancia, y a cuidar su cuerpo, que es su tarjeta de presentación y el compañero fiel de toda su vida, con la alimentación, descanso, higiene, belleza, ejercicio y ternura que necesita.

 Socialmente la persona también va creciendo y aprendiendo durante toda su vida a relacionarse mejor consigo mismo y con los demás. Hemos nacido para la relación y para el encuentro y, aunque hay muchos ancianos cascarrabias, que con los años lo que han aprendido es a ser más ácidos y ásperos, en cambio otros se van haciendo más cálidos y amorosos, más escuchadores y tolerantes, más respetuosos y acogedores. Hay mayores a los que el corazón de piedra se les va cambiando en un corazón casi líquido, que palpita con los seres humanos, que ama hasta el extremo y que derrocha misericordia alrededor. Esta sería una cualidad que habría que trabajar en estos grupos, para que las personas supieran vivir en armonía consigo mismo y con los demás, para que se desarrollaran habilidades de comunicación, para ir sabiendo decir mejor el amor, comunicarse desde lo más profundo y compartir su maravilloso mundo interior. También serviría para potenciar la tolerancia, el entendimiento intergeneracional, la interculturalidad y la transmisión de valores.

 Muchas veces los jóvenes y los adultos no tienen tiempo para crecer en estas facetas. Y son los mayores los que saben vivir despaciosamente, escuchando a los nietos, admirando la vida, encontrándose con los otros seres humanos y con la realidad, siempre cambiante pero viva. Ellos, los que están pillados por el estrés, el agobio, la productividad y la realización, no tienen tiempo para armonizar su personalidad, para desarrollarla plenamente. En cambio, los mayores se sienten potenciados a desarrollar sus capacidades sociales de relación y encuentro, cada día un poco más.

 Su parcela mental crecerá nutriéndola de formación e información, intentando ser personas del presente, aunque hayan nacido hace ya muchos años, pero estarán instalados en el hoy, para comprender los signos de los tiempos y el momento que les ha tocado vivir; para acompañar la vida de los suyos y la de todos los seres humanos. Por eso no serán ancianos de los de contar batallitas, sino personas interesadas en las noticias y acontecimientos de la vida, para querer a los de alrededor con su propia música, para conocer la realidad tan distinta de sus hijos, nietos, biznietos o vecinos y compañeros de camino en la vida. Es muy importante tener una mente sana, abierta y comprensiva, para sentirse persona de este siglo, en vez de creerse prisionero de un mundo que no le pertenece, porque no se ha molestado en conocerlo.

 Y, por último, viviendo en diálogo constante con el Señor, cuidarán su parcela espiritual, que es donde está el verdadero motor de la vida, de donde brota el propio proyecto personal, donde se escucha la música de Dios, que nos susurra los grandes sueños que tiene para cada uno. Curiosamente, con los años, el proyecto personal se hace más claro, se va definiendo, te va demostrando Dios para qué y cómo quiere que vivas. Uno encuentra sentido a casi todo y no se pasa por alto ningún encuentro ni ningún regalo que la vida te hace, desde que abres el ojo por la mañana y te sientes acompañado e impulsado a comenzar a escribir la página en blanco de ese día, a disfrutar del frescor del vaso de agua, del calor de la ducha, la belleza de las plantas, las relaciones, los detalles y los mil esfuerzos de las personas para que vivamos mejor. La radio que nos despierta puede ser como la llamada a la solidaridad, a enterarnos de lo que les ocurre a los hermanos e inmediatamente poder decir: “Señor, Tú eres mi Dios, por ti madrugo”… y sentir que vivimos la vida acompañados, porque somos personas habitadas, Dios anda en los adentros, viviendo la vida a nuestro lado y eso nos fortalece, nos impulsa, nos consuela y nos dinamiza.

Mari Patxi.

Seguir leyendo -> Hacia una nueva diaconía: La espiritualida, impulso dinamizador, energía desbordante.

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