Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

HACIA UNA NUEVA DIACONÍA: La espiritualidad, impulso dinamizador, energía desbordante

La espiritualidad, impulso dinamizador, energía desbordante

La espiritualidad, impulso dinamizador, energía desbordante Es importante acompañar el desarrollo de la parcela espiritual de los mayores, como lo es el dejar que sean ellos mismos los dinamizadores de otras vidas y de los grupos, compartiendo con otros su libertad interior, su fortaleza y su amistad con Dios de forma natural y transparente. La persona mayor que vive una historia de relación con Dios siente su vida entrelazada con la suya, puede superar mejor sus dificultades físicas, siente rejuvenecer su espíritu al tener su vida cargada de misión y saberse válido para los demás, por el hecho de cuidar, animar grupos o compartir la responsabilidad pastoral.

 Actualmente hay grupos de mayores, que se reúnen para comentar el evangelio semanal, que podrían convertirse en auténticos grupos de pertenencia y comunidades cristianas, donde se comparte vida, fe y compromiso. Y ya se sabe que la fe vivida y celebrada en comunidad se convierte en un elemento dinamizador de la persona y de la sociedad, en un espacio sanador y estimulante para todos los participantes, donde aprenden a vivir cada día mejor y a generar relaciones cálidas y fraternas en su familia, en su entorno, en el barrio y en la parroquia.

 Estos mayores hay que dinamizarlos. No podemos seguir infantilizándolos, ofreciéndoles cánticos soporíferos, ni homilías eternas e indescifrables, porque “aguantan con todo”… No. Se merecen todo el respeto y la profesionalidad de los “administradores de sacramentos”, que deben cuidar hasta el extremo la creatividad de los ritos y la calidez de los espacios, así como las relaciones interpersonales de la comunidad. Pero, se me ha escapado el sueño. Y no quiero reprochar nada a nadie.

 Quiero seguir soñando con una parroquia en la que trabajemos juntos célibes y laicos, como elemento unificador del barrio; en la que los mayores animen a los adultos a la solidaridad, que les hablen de los hermanos que están en la cuneta de la vida, ya que ellos andan corriendo para cubrir sus necesidades básicas y las de los suyos, y no se enteran de lo que les duele a los hermanos. Y los mayores pueden ser la voz de los sin voz, los que hacen de megáfono de las necesidades de la comunidad y los que gritan las heridas de la vida. Podría haber un despacho de acogida, no como los de toda la vida, sino una especie de cuarto de estar, con una mesa camilla, en vez de la mesa de notario que acoge en algunas parroquias a los necesitados, como si de la administración se tratara, y que sólo le faltan los manguitos al funcionario que les rellena la ficha de sus carencias. En este cuarto de estar, decorado de forma acogedora y familiar, con una máquina de café o una cafetera, donde poder invitar al que llega, o dejarse invitar por él, y contarse quienes son uno y otro, dónde viven, qué les ocurre, en qué momento de su vida están y luego poder ofrecer los distintos recursos parroquiales o sociales del barrio. Para atender esto, que nunca lo llamaría yo el despacho parroquial, ni pondría un letrero de prohibido algo, ni siquiera un horario, sino que lo dejaría con las puertas abiertas y un texto cálido que dijera algo así como “SI ME NECESITAS, NO DUDES EN LLAMARME, ESO ME DARÁ EL PRIVILEGIO DE SENTIRME TU AMIGO”. Y tendría una cestita con caramelos y unas pastitas y pondría a acoger a las personas más cálidas, simpáticas y acogedoras de la parroquia, tras haber hecho el “super curso” de formación en relación de ayuda y trabajado, con representaciones, con todo el grupo de mayores la importancia de este saber acoger al que llega, desvalido o necesitado de algo, bien sea espiritual o material.

 Estos mayores que se ocuparían de la acogida podrían tener también un local grande donde ofrecer desayunos a necesitados, o ropa, o hacer mercadillos y trueques para generar solidaridad, cambio y excesos de acumulación en los parroquianos. También se podría hacer un grupo de manualidades o labores, que posteriormente se podrían vender con algún fin solidario, de forma que se sientan en colaboración y sintonía con algún proyecto concreto. Otro grupo podría ser un taller de cuentos, que todos narraran y alguien escribiera, para regalárselo posteriormente a sus descendientes. También sería interesante crear un Consejo de Ancianos que visitara los colegios e hiciera mesas redondas con los niños y jóvenes, para hablar de los cambios que han experimentado en la sociedad, contar cuentos, juegos y compartir vida..

Todo lo que estoy proponiendo lo hago desde la convicción de que la mayoría de las personas mayores han adquirido una sabiduría vital que es importante utilizar, hacer brotar y compartir. Me gusta a mí esa afirmación de que “cuando se muere un anciano se cierra una biblioteca”, ya que, tienen tanto que contar, tanto que compartir, tanto que enseñar, que en muchos casos sólo necesitan que alguien les estimule dándoles las pistas de cómo y dónde hacerlo.

Mari Patxi.

Seguir leyendo -> Hacia una nueva diaconía: El que no vive para servir, no sirve para vivir.

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