Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

MIS FRAGILIDADES Y DUDAS

Mis fragilidades y dudasEl otro día, cuando caminábamos en familia por la montaña, dudé de si había apagado el fuego, al cocinar las lentejas… Uno de mis hijos, tranquilizándome y quitándole importancia, se ofreció a regresar a casa a comprobarlo, mientras, los demás dudaban de mí, con cara de lástima. Esos días, me pillaron en otras cuantas dudas y errores más y la sensación de desconfianza ambiental me hacía sentirme sin seguridad, sin suelo donde apoyarme, como si ya no fuera yo misma.

 Soy lo que soy, y hago lo que hago, porque otros han creído en mí, se han fiado, se han dejado caer, se han apoyado y se han sentido seguros. Cuando, de pronto, aparece la duda sobre mi memoria, que falla tantas veces, me duele el alma, me siento como una niña pequeña a la que los mayores miran protegiendo y quitándole su autonomía personal.

 Esta sensación es fruto de una enfermedad que me hace tener ausencias mentales, vacíos de memoria y, cuando confundo el carburante del coche, dudo de si he tomado la medicación, firmando libros, se me olvida escribir, o no recuerdo mi firma, al pagar con tarjeta, o escucho a alguien consciente que ya no puedo retener todos los datos… la duda que me envuelve me hace sentir frágil y desvalida y repetirme una y mil veces, por los adentros, aquello de “ No temáis…Yo estaré con vosotros hasta el fin de los días”…

 DUDAR, LO QUE SE DICE DUDAR…

 De lo esencial no tengo dudas. De que tengo un Padre que me acompaña siempre, me ha soñado feliz, plena y cómplice de la felicidad de los demás, nunca dudo. Del amor de los míos, de la fiel amistad de mis amigos, de la cantidad de buena gente que hay por el mundo y de que esta sociedad podemos mejorarla entre todos… no tengo duda alguna.

De que todo ser humano posee bondad en su corazón y unas capacidades infinitas a desarrollar, estoy totalmente convencida. De que tenemos una revolución pendiente, que es la de la igualdad, la justicia y la fraternidad, tampoco dudo en absoluto.

Mis fragilidades y dudas Pero dudo de mis palabras solidarias, al ser luego poco austera y egoísta. Dudo de mis propósitos de escuchar, cuando compruebo que me como el tiempo del otro, en la conversación. Dudo de mi amor de pareja, cuando mi memoria puñetera me hace alargar un enfado. Dudo de mi amor de madre, cuando me pillo controlando y añorando más cercanía. Dudo de mis miles de palabras escritas sobre Dios misericordioso, cuando luego yo me encabrito con los que pintan a Dios fastuoso o aburrido. Dudo de mi coherencia personal, cuando no me coincide lo que hago con lo que digo. Dudo ante la posibilidad de ser poco respetuosa con el proceso del otro, cuando compruebo intolerancias interiores. Dudo de mi tolerancia cuando me pillo en críticas malévolas que tienen poco que ver con el Amor… Y, mientras escribo todo esto, caigo en la cuenta de que creo totalmente en los demás y mis dudas son, sorprendentemente, sobre mí misma.

 Menos mal que, al final, dejo resonar en mi corazón aquellas palabras de Jesús en las que decía que no necesitan médico los sanos, sino los enfermos y que a lo que me invita es a vivir la vida en abundancia, encontrando la felicidad en mi propia pobreza.

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