Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

OTRA MANERA DE VIVIR

OTRA MANERA DE VIVIR

Cuando una familia vive una auténtica relación con Dios, una fe que impulsa su vida, se siente invitada a otro estilo de vida que se le iré notando en su libertad. No necesitarán tantas cosas como las demás personas y su talante será más desprendido. Su casa estará más abierta, estarán más dispuestos a compartir todo lo que tienen y son. Su manera de invitar será sencilla y acogedora. A la hora de elegir su ropa se sentirán menos manejados por las modas y libres para reutilizar y para cuidar lo que usan para que les sirva a otros. Y lo mismo ocurrirá con sus libros y material escolar, que lo cuidarán para compartirlo y que les llegue a otros en el mejor estado posible. No se estancarán en la rutina de la vida, de las relaciones ni de su relación con Dios, sino que unos a otros se mantendrán despiertos e ilusionados, abiertos y vigilantes a Dios y a los hermanos.

Y como saben que Dios nos ha creado para la felicidad y la plenitud y su deseo es que seamos ese ser único que estamos llamados a ser, que desarrollemos todas nuestras capacidades, se ayudan unos a otros a “cumplirse”, a ser el mejor él posible. Así se dinamizarán hacia la plenitud y la felicidad, que es Dios. Al tener una escala de valores diferente, cubrirán sus necesidades básicas, pero desearán menos cosas y podrán trabajar menos horas para tener más tiempo para “hacer familia” y para comprometerse en la mejora de la sociedad. Sus relaciones serán abiertas y amistosas, pues poseerán la gran seguridad de los que se saben amados por Dios. Por ello abrirán su corazón a la amistad ya desde niños, pues es algo que estará presente siempre en el ambiente familiar y los hijos no aprenden de lo que se les dice sino de lo que hacen los padres. En estas familias impulsadas a amar al estilo de Jesús, se dirán el cariño entre unos y otros, lo que favorecerá su salud mental, ya que en muchas familias se quieren pero no saben verbalizarlo.

Es en la vida familiar donde uno aprende a vivir la fiesta, la enfermedad, el dolor, la amistad, los compromisos sociales y hasta la muerte. Todos ellos se ven diferentes desde una dimensión religiosa, que ayuda no a pedir a Dios que cambien las cosas, sino que su compañía facilite el vivirlas o anime a una mayor generosidad, sensibilidad y fortaleza.

También las dificultades como la enfermedad, la muerte, el paro y otras, vividas y compartidas en la familia, comunicándose los sentimientos, las dificultades y los esfuerzos, fortalece la fe y la madurez de todos y cada uno de ellos. Y la oración común ayudará a vivir con paz momentos difíciles por los que pasa toda familia humana.

De estas familias que tienen valores comunes y que hablan la vida brotará la risa y la carcajada, que es el síntoma de la gente feliz, disfrutarán de estar juntos y tendrán cuidado con que todos ellos tengan también tiempo y espacio para su intimidad. La oración será un alimento fuerte para todos ellos y para cada uno, lo que les enviará a ser buena noticia allá donde estén. Y toda esa fuerza vital que Dios pone en cada uno de nosotros, sumada así en familia, parece que en vez de sumarse, lo que hace es multiplicarse… Quizás estoy siendo demasiado optimista… o serán mis sueños los que me hacen escribir todo esto?

Mari Patxi

Seguir leyendo -> La familia, lugar de transmisión de la fe: Despertar la fe en mis hijos.

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