Un blog de Mari Patxi Ayerra, que trata sobre la vida, la familia, la pareja, los amigos, … Dios

Querida Sor

Querida sorQuerida Sor, querido Fray: Hoy quiero dirigiros a vosotros mi carta de sexualidad, porque sois un público al que parece que os tenemos olvidados en este tema, como si el hecho de tener voto de castidad, os hiciera seres asexuados o diferentes al resto de la humanidad, por haber oído siempre nombraros como los “eunucos por el reino de los cielos”.

 A lo largo de mi vida, he tenido la suerte de tener grandes amigos frailes, monjas y curas, con los que he podido hablar de lo divino y de lo humano, a los que he querido y quiero un montón. Con ellos he crecido como persona, como creyente, como mujer y como madre y hemos compartido muchas confidencias del cotidiano caminar de la vida. Juntos, hemos intentado vivir al estilo de Jesús, pero ellos, con una vocación de entrega total a los hermanos y al proyecto de Dios, con todas sus fuerzas y energías. Aclaro esto para demostrar que no tengo ningún prejuicio hacia los célibes y para ganarme su confianza y aceptación.

 Aclarado este punto quisiera recordar que a todos los seres humanos Dios nos ha creado maravillosamente atractivos, comunicativos y afectivos. Y además nos ha dotado de capacidades de seducción, atracción y disfrute del género opuesto, aunque en algunos casos, escasos, se atraigan entre sí los del mismo género, algo impensable hace unos cuantos años y aceptado y respetado en la actualidad como algo natural. Quiero decir que todos los cuerpos son bonitos, con su única y exclusiva belleza personal, y poseen en sí cualidades emocionales, físicas, mentales y espirituales para vivir el juego de la seducción y el encuentro sexual. Saberse sexuado es a la vez saberse pleno e incompleto.

 Es por eso que los célibes sois los que, en aras de una disponibilidad mayor para la tarea, de una libertad afectiva y de una entrega total al amor de Dios y de los hermanos, habéis renunciado, voluntariamente, a la vida de pareja, a la procreación y al encuentro sexual. Resumiéndolo, es una forma de vivir vuestra opción de vida de “no posesión”, con lo duro que es saber que nunca vas a ser poseído por alguien, con la seguridad afectiva que da el saberse querido y entregarse del todo a alguien; pero amando a los demás con toda vuestra capacidad de comunicación y de ternura.

 Vuestra vida no contará con el placer de saber que alguien te elige como ser único y te espera para acoplaros mutuamente. Tampoco habrá nadie que os llame papá o mamá, ni abuela o abuelo…y esa es una renuncia dura, que es bueno reconocer y ponerle nombre, cuando uno siente sus hormonas en ebullición, en un cuerpo que podría haber sido portador de vida, o cuando ataca la nostalgia del declive corporal, sin haber vivido la seducción, las caricias, el encuentro ni la reproducción.

 Siempre que se elige un camino, se renuncia a otro, como ocurre en la vida de pareja, que cuando eliges a una persona para vivir con ella toda la vida, estás renunciando a todas las demás, aunque después de la elección encuentres a “otro alguien” que te parece supera a la persona que acompaña tu vida y crees que llenaría de más color tus días y tus noches. Pero en vuestra renuncia al amor con minúscula, que os separa del común de los mortales, por vivir una opción diferente, tenéis una contrapartida especial, que es hacer vida esa vocación a la que sentís habéis sido llamados, de seguir el apasionante proyecto de Jesús, para ayudar a acercar el Reino de Dios, con toda vuestra ilusión y entrega, con lo que supone de contribución a la humanización y a dar Vida, que es otra forma de fecundidad, que os merece la pena. Así lográis vuestra plenitud en el amor, al tiempo que trabajáis para que los demás también la encuentren. Además gozáis del Amor de Dios a pleno pulmón, que cuidáis, mimáis, disfrutáis, enriquecéis y va mejorando con los años, en la medida en que desarrolláis vuestra capacidad de sentir, de amar, de ser personas plenas, y de hacer vuestra la gran familia humana.

 Porque si tuvierais que dedicaros a la familia pequeña, posiblemente no os daría el tiempo ni el afecto, para estar del todo libres, disponibles y entregados en todo momento y lugar. Pero tendréis que vivir vuestra sexualidad y afectividad de forma sana, reconociendo vuestros ciclos corporales, vuestros deseos, necesidades, fantasías y vacíos, viviendo la ternura con naturalidad y limpieza, sin genitalidad, pero con frescura, sabiendo comunicar con un abrazo, una caricia o un apretón de manos, sin ver en ello más que el mismo amor que Jesús demostró a la gente con la que se encontraba, fuera hombre o mujer.

 Todavía quedan célibes cohibidos, que no saben relacionarse con el sexo opuesto, que no miran a los ojos, que dan la paz con la mano “colgandera”, que confunden la castidad con la incomunicación corporal entre las personas y la pobreza con lo antiestético. Nuestro cuerpo es nuestra tarjeta de presentación y a todos nos es agradable lo bello, lo limpio y lo que huele bien. Y saber dar un abrazo, un apretón de manos, un pellizco en la mejilla o un piropo, imagino que es lo que haría Jesús si anduviera entre nosotros, para demostrarnos su amor, cercanía y lo importantes que somos para él.

 Habéis elegido una opción de vida diferente, pero camináis junto a personas que viven historias de amor y de desamor, de sexo y de pasión y es importante que sepáis a lo que habéis renunciado, para ser buenos compañeros de camino de la mayoría, que son personas que no tienen vuestra opción afectivo-sexual. Os encontraréis con jóvenes que tienen dificultades en la vivencia de su sexualidad, con parejas, separados, niños y ancianos a los que acompañaréis su vivir, por lo que es importante que os vayáis haciendo, cada día un poco más, expertos en el género humano, para saber ser amigos de todo tipo de personas y realidades, para iluminar con la luz de Dios la vida de los hombre y mujeres de este siglo, aunque vuestra formación o educación sexual haya sido de otro tiempo y estilo, pero es hoy cuando os toca responder, sanar, liberar y acompañar.

 A veces nos encontramos con curas y monjas de aspecto poco agradable, que da la impresión de que no tienen bien integrada su corporalidad, su sexo y la vivencia con los de otros. Algunos se sonrojan ante las demostraciones de amor o de pasión y se comportan como niños cuando salen estos temas, rehuyendo todo lo que tenga que ver con el cuerpo, la sexualidad o el amor. La realidad es que en la vida familiar convivimos juntos ambos sexos, y afortunadamente la sociedad va haciendo mixtos cada vez más espacios y situaciones. Los niños se acostumbran desde el principio de sus días a vivir juntos ellos y ellas, en casa, en la guardería, en el colegio, en la universidad y en los trabajos. Así nos vamos preparando unos y otros para el amor y la relación con naturalidad, aprendiendo a ser buenos compañeros de camino, los hombres y las mujeres, y a saber hacernos amigos, en vez de tener que hacernos el amor o la guerra, para lo que se nos educaba anteriormente. Se han dado pasos muy importantes en la coeducación y en la formación afectivo sexual, que afecta a todos los espacios sociales y ayudan a relacionarnos más sanamente. Buzon

 Si tú, amigo lector, eres célibe y tienes este artículo entre las manos, me gustaría felicitarte si te relacionas con naturalidad con las personas del otro sexo y si tienes buena relación con tu propio cuerpo, para así poder cuidar, curar, acompañar, expresar la ternura y el cariño a las personas con las que tratas. Pero si eres de los que vives como prisionero en un cuerpo extraño, sin prestarle la menor atención, te animaría a que lo embellezcas con higiene, sonrisa y ternura y lo utilices para tu tarea profética, sabiendo que es lo primero que entra por los ojos a los demás. Y si no eres célibe, te ofrezco esta carta para que te asomes a la renuncia del encuentro afectivo-sexual y de la familia, que han hecho las monjas, frailes y curas que conoces, para poder estar más disponibles, para generar otro tipo de Vida en abundancia… y de paso se lo agradezcamos, pues muchos hemos tenido la suerte de beneficiarnos de ellos.

 Que Dios, que nos conoce a cada uno en el hondón del alma, nos vaya ayudando a mejorar en todas las parcelas de la vida y a vivir a gusto en este cuerpo nuestro, envoltorio que nos acompañará hasta el fin de los días.

Un abrazo apretado

Mari Patxi

REVISTA HUMANIZAR

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